martes, 16 de noviembre de 2010

Belle and Sebastian en el Luna Park

Para empezar a contar sobre el show de Belle and Sebastian de anoche voy a descartar dos referencias cercanas: el altísimo grado de emotividad del último show que presencié (Paul McCartney) y la energía desbordante de la última vez que pisé el Luna Park, con Pixies sobre el escenario. Los escoceses son otra cosa, pegan por otro lado. Por el lado de la sensibilidad, como buenos indies esto es casi una obviedad, pero esa sensibilidad aplicada a la música da por resultado canciones delicadas, preciosas en sus melodías y arreglos, y que provocan una sonrisa leve como mueca. Una brisa fresca que para una noche de lunes laboral es casi una bendición.
Con unos quince minutos de demora, el concierto abrió con “I didn’t see it coming” del último trabajo “Write about love” y en seguida le pegaron el primer gran hit, “I’m a cukoo”. Si bien la gira tiene por objetivo presentar el último disco, esta dos canciones fueron la real medida de los discos en los cuales se iba a sostener el show: “Write about love” y el imprescindible “Dear catastrophe waitress” de 2003. Nadie se va a encontrar con lo que no fue a buscar. Folkie suave, buenos arreglos, ligeros detalles con reminiscencias psicodélicas, pop con referencias bien ancladas en los ’60 y la suma de influencias posteriores, algunas más que evidentes, como el caso de The Smiths. Stuart Murdoch y Stevie Jackson son los exactos prototipos de su público: algo melancólicos, alegres sin desbordes, chicos sensibles que encuentran sus réplicas entre la enorme cantidad de flacos con remeras a rayas y anteojos de marcos grueso, y chicas con pañuelos verdes en la cabeza. Si alguien tenía que pasarle sus apuntes de marketing a un compañero de facultad, el Luna Park anoche era el punto de encuentro seguro.
Los Belle and Sebastian no se privaron de nada a la hora de armar el setlist. Fueron bien atrás a rescatar canciones como “Like Dylan in the movies” y las mezclaron con las nuevas, como por ejemplo “I’m not living in the real world”, en la cual al inicio Stevie juega con el público y dice sentirse Freddie Mercury por un rato. Hubo tramos en donde la música se presta al baile (“Step into my office baby” o “I want the world to stop”) y otros más íntimos y suaves, especialmente las excelentes versiones de “Lord Anthony” y el rescate de “(I believe in) travellin’ light”, en la voz de Stevie Jackson. Stuart canta igual que en los discos y cuando se suma la voz de Stevie, resultan un tandem inigualable. Los músicos se mostraron sorprendidos por la buena y masiva respuesta del público (estadio repleto), intentaron comunicarse en español utilizando al tecladista Chris Geddes, lo que resultó un fracaso, hasta que comprendieron que la gente le entendía el inglés de Stuart a la perfección. A pesar de las conocidas limitaciones del Luna Park en cuanto a sonido, los sutiles arreglos de cuerdas y las armonías vocales pudieron disfrutarse sin inconvenientes. Stuart Murdoch pasa de las guitarras al piano, canta casi todos los temas y es la figura central de una banda prolija y delicada. Violines, cello, armónica, trompeta y flauta se suman a las melodías y construyen arreglos complejos, que en ningún momento pecan de pretenciosos.
Todo en Belle and Sebastián es mínimo y tenue. Desde la iluminación, hasta la actitud de los músicos sobre el escenario. Algo de humildad y mucho de timidez fabricada a medida de la propuesta. Por eso sorprende cuando durante “Sukie in the graveyard” de “The life porsuit”, Stuart desciende del escenario y vuelve de la platea con una chica a la que invita a quedarse bailando con ellos. O cuando lo repite en “Dirty dream number two”, esta vez trayendo a otras tres chicas y a un muchacho gigante que más que de la platea, parecía rescatado del subconsciente de Tim Burton. Los chicos bailan y se quedan para “The boy with the arab strap”. Stuart se trepa a una de las cabeceras, se mezcla entre la gente, regresa y al final los chicos bailarines se hacen acreedores de una medalla de la “B & S School of pop”.
El final del show fue con “If you find yourself caught in love” y dos temas de “The boy with de arab strap”: “Simple things” y “Sleep the clock around” con la voz de Sarah Martin sumándose a la de Stuart Murdoch. A esa altura, la platea permanecía de pie y no paraba de aplaudir al ritmo de las canciones, por lo que los bises no se debían demorar demasiado. Y no solo no lo hicieron, sino que además fueron una especie de auto homenaje a su disco del año ’96 “If you’re feeling sinister”: “Judy and the dream horses”, “Get me away from here, I’m dying” y la potente (en los términos B & S, claro) “Me and the major”. Entre todo eso, los músicos arrojaron pateando pelotas al público, en un hecho que pareció salido otro show y de otra banda. En el final quedó claro que el feeling con el público argentino deja abierta a un regreso, lo que por otra parte fue prometido por el propio Stuart. Algunos músicos se demoraron en la salida del escenario firmando autógrafos e incluso el bajista Mick Cooke hizo las veces de fotógrafo de unas chicas de la primera fila de la platea que le alcanzaron una cámara. Si no fuese que en el medio se juega el superclásico (lo de super con estas realidades es una exageración), podría decir que los Belle and Sebastian me dejaron a punto para el show de Hamacas al Rio esta noche.
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