martes, 15 de noviembre de 2011

Laetitia Sadier en Niceto


El principal enigma que tenía antes de ir al show de Laetitia Sadier en Niceto no era el show en sí mismo. Ni la música de Laetitia, ni siquiera saber cuánto de Stereolab podía llegar a tocar la cantante francesa. El principal enigma era saber cómo hacer para ponerme a tono de la noche cuando todavía el cuerpo guardaba la energía heredada del show de Pearl Jam en La Plata. Había que bajar un cambio. Y considerando que Laetitia Sadier adoptó el nombre de su banda alternativa a Stereolab (Monade) de un concepto de Cornelius Castoriadis, y que al primer disco de esa banda lo llamó “Socialismo o barbarie”, me puse en modo revolucionario y para conseguir estar a tono adopté el concepto de bajar dos, tres, muchos cambios. Y felizmente funcionó.
Bien, una vez preparado para el clima del recital llegué a Niceto suponiendo que siendo un Lunes las cosas podían llegar a empezar a horario, cosa que no sucedió. Cuarenta minutos después de la hora anunciada largó un miniset Rosario Blefari, que hizo las veces de telonera. La espera no fue sencilla, hay algunas canciones de Rosario que me parecen buenas, pero su manera de cantar me exaspera. No voy a ser cruel por hoy, además temo pecar de injusto, porque la recepción de la gente fue muy buena. Mientras tanto, uno va aspirando el humo ajeno (sabemos que en los boliches la norma de no fumar en lugares cerrados no se cumple y yo tampoco soy un fundamentalista anti tabaco ni mucho menos, pero el sistema de ventilación de Niceto es desastroso) sumado a que en la barra solo se dignan a preparar el Fernet con Pepsi (si yo fuera Jefe de Gobierno los clausuraría solo por esa herejía), la cosa no fue del todo cómoda. Por otra parte fue la primer vez que vi la pista de Niceto armada con unas cuatro o cinco mesas en la parte cercana al escenario, cosa extraña porque, al menos cuando se pusieron a la venta, se ofrecían solamente entradas de valor único. Pero empecé la crónica quejoso y no debería; Laetita pagó con creces todas las molestias ocasionadas.
Desde que la cantante francesa armó Monade como alternativa a Stereolab, abandonó por completo las intenciones más experimentales de su primera banda. Separó las aguas en realidad, porque Stereolab se mantuvo en funcionamiento. Y si Monade es la versión relajada de Stereolab, el disco solista de Laetitia (”The trip” - 2010), es la versión relajada de Monade. Y si de relajación se trata, cuando se descorrió el telón del escenario y la vimos a ella sola con su guitarra eléctrica y un amplificador, quedó claro de inmediato el tono intimista que iba a tener el show. Felizmente intimista, porque es en ese clima en donde mejor se aprecia la voz de Laetitia Sadier y muchas de sus melodías conquistan por sí solas, sin necesidad de aditamento alguno.
Del show en sí puedo contar que estuvo basado en “The trip”, más algunos temas de Monade. Que Laetitia se mostró muy locuaz a la hora de explicar sus canciones, y que con cada una de ellas consiguió mantener al público tan cautivado, al punto que con un leve gesto con su cabeza al final de cada tema, tuvo que “autorizar” los aplausos de la gente ensimismada. Canciones como “Fluid sand” o “Statues can bend” son dueñas de una melodía hermosa, que en el tono en que Laetitia las canta, contagian su tono melancólico. Hubo dedicatorias para su joven hermana que se suicidó (“Natural child”, una sentida balada) y para Pier Paolo Pasolini, con “Lost language”, un tema de Monade (“Well, I ain't sure, but I've been told he's baking cakes inside our souls”). También se quejó del gobierno de su país en “Our interest are the same”, tema en el que terminó con un grito liberador, abandonado su postura relajada. También se preocupó por quejarse de las 24 horas varada en al aeropuerto de Roma, víctima del paro en Aerolineas Argentinas, y que casi le impide estar a tiempo para el show. Y hasta se permitió recomendar la exposición "El color en el espacio y en el tiempo" de Carlos Cruz-Diez en el Malba.
Las canciones de Laetitia transitan por el lounge, con matices lejanos de bossa nova y remiten a la versión más distendida de Everything But The Girl. Su delicadeza en las formas inspira una fragilidad que resulta engañosa, porque si hay algo que no le falta a Laetitia Sadier es actitud y confianza sobre el escenario. Cantó casi siempre en inglés, pero rescató al frances para una de las más bellas canciones de “The trip”, “Ceci est le coeur”. Nos dimos el gusto de tener nuestro momento Stereolab, con “International colouring contest”, y el breve show se cerró con “The Swimm”, un tema del primer disco de Monade, “Socialisme ou barbarie: the bedroom recordings”.
El regreso al escenario fue con “Where did I go”, otra canción de Monade, y para el cierre Laetitia anunció un cover. Felizmente no optó por “Summertime”, del que grabó una versión en “The trip” que poco le suma al clásico de Gershwin, y sí se decidió por “By the sea”, una deliciosa interpretación del tema de Wendy and Bonnie, también grabada en el disco solista.
Calidez, intimidad, una intensidad sencilla y amable, fueron los atributos de un concierto conciso pero convincente que marcó el tardío debut de Laetita Sadier en Buenos Aires. Para mí fue el final de un rally de siete recitales en 14 días, porque aunque no haya contado nada en el blog, el Viernes me fui a ver a los Inspiral Carpets en el Movistar Free Music de Puerto Madero. Los de Manchester se mostraron vigentes teloneando a unos Interpol, que por mí se pueden llevar su angustia existencial a mejor puerto. La agenda de diciembre incluye a Catupecu Machu, Kings of Convenience y al gran Roger McGuinn.
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