domingo, 6 de noviembre de 2011

Personal Fest día 2: Sonic Youth

           
            Segunda jornada del Personal Fest, con un line up bien heterogéneo. Por un lado bien indie y alternativo, y por otro lado, una presencia caribeña expresada en el reggae y en la fusión de Calle 13. Quienes siguen este blog no tienen que pensar mucho para saber qué tipo de los artistas eran los que más me interesaban, así que me fui al festival pensando en The Kills como primer plato fuerte, dejando de lado el resto. Cuando llegué estaba terminando su set Mala Rodriguez, así que no puedo dar mayores referencias que de su portaligas colorado.  En seguida en el escenario 2 largaba Soldiers of Jah Army, o Soja como les gusta llamarse a los de Virginia. La verdad es que estaba con el modo reggae en off, y mucho menos reggae transgénico (¿?), así que me fui a dar una vuelta por el predio, recorriendo el resto de los escenarios, en los que no encontré nada interesante para contarles. Un rato más tarde sí me aproximé al escenario 1 para los esperados The Kills. De entrada se notó que había un buen grupo de fans que les eran propios y que les iban a celebrar cada una de sus intervenciones. Alison Mosshart de pelo rojizo tomó el micrófono y arrancaron con el irresistible “No wow”. Si bien vienen de hacer con “Blood pressures” su disco más compacto, no se dedicaron solo a   recorrer este, sino que gratamente trajeron algunos de los clásicos de sus discos anteriores. “Future stars slow”, y el reggae espeso de “Satellite” fueron puntos altos de un show que se sostuvo en la tensión sexual entre Jamie Hince y Alison Mosshart. Solo ellos dos sobre el escenario, más el disparo de pistas que le quitaron un poco de contundencia a la performance. Porque a veces resulta demasiado lineal el volumen y los climas dentro de los temas mismos, dueños por sí mismos de una gran dosis de energía, y a los  que imagino mucho más contundentes con el pulso de una banda de “carne y hueso” detrás. De todas formas, la densa “URA Fever” o bailable “Cheap and cheerful” se vuelven irresistibles. Alison tocó guitarra en varios temas y se le animó a unos tambores en “Pots and pans”, que a medida que pasaban inadvertidos a lo largo del show, parecía que estaban de adorno. Quedó la dedicatoria de Jamie Hince en “Baby says” para su esposa, que de no tratarse de Kate Moss, resultaría un dato intrascendente, y la idea definida de un dúo aplastante que en la apuesta minimalista, desaprovecha en vivo buena parte de su potencial.
            Seguido en el otro escenario volvía el reggae con Damian Marley. Un hijo de Bob Marley que hace reggae, nada original por cierto. Ni nada que me interese demasiado, así que corrí al tercer escenario en donde tocaba El Mató a un Policía Motorizado, que me recibieron con “El día del huracán” y “Chica rutera”. Nadie como ellos merecían tocar el día en que Sonic Youth volvía a la Argentina. Y con Santiago y su voz en estado impecable al frente, hicieron honor a la apuesta. En un predio que se iba llenando de a poco, aprovecharon para mostrar su estilo noise bien a tono con la noche. Hicieron “Navidad en los santos” y cerraron con una versión de “La noche de los muertos” (del imprescindible “Día de los muertos” de 2008) que de haber llegado a los oídos de Thurstoon Moore le habría arrancado una sonrisa.
            En ese momento se me presentó la única disyuntiva de la noche: los clásicos de Inxs en el escenario principal o los Massacre que seguían a continuación en el escenario 3. Y la verdad es que Inxs sin Michael Hutchence es como Simon and Grafunkel, sin Simon ni Garfunkel. Encima, yo que seguí aquel reality para reemplazar al cantante irremplazable, no quería que gane el que ganó. Así que me quedé en el predio mientras un SMS me entregaba la excelente noticia de los cuarto goles de Cavenaghi. Y cuando Walas entró al escenario saludando con su clásico “Hola, nosotros somos los Massacre. Un beso” y largaron con “Te leo al revés” supe que no me había equivocado en la elección. Con un repertorio haciendo base en el excelente “Ringo”, uno de los grandes trabajos que nos deja este 2011, Massacre dio uno (otro más) show inolvidable. No dejaron clásicos de lado, como “Plan B”, el lejano “Cae el muro” o “Sofía, la súper vedette”. Walas cambió gorro por sombreros de todos los tipos, se mostró excitado con la presencia de Sonic Youth (desmintió que la separación de Thurstoon Moore y Kim Gordon se deba a alguno de los Massacre), cantó “La octava maravilla” abrazado a un muñeco desnudo, y se mostró todo lo histriónico que le conocemos. Los temas nuevos tuvieron versiones notables, como la irresistible “Tanto amor”, “La web del siglo” (se derrumba el capitalismo, proclama Walas), “Muerte al faraón”, “La virgen del knock out” o “Tengo captura”. Cerraron con “El robot vs. La momia azteca”, volviendo a agradecer la posibilidad de tocar la misma noche que los Sonic Youth. De tantos festivales que he ido, jamás vi tanta gente en alguno de los escenarios alternativos.
            Cuando volví para reencontrarme con la familia (que optó por el show de Inxs) los australianos estaban haciendo una versión desabrida de “Original sin”. Una lástima. El cantante ni siquiera era JD Fortune, el ganador del reality, sino otro que llevaba apenas dos shows son ellos. Solo presencié la parte final del set, pero bastó. Un repertorio plagado de hits no es suficiente, y el carisma no se reemplaza con profesionalismo. “New sensation” y un cierre con “Never tears apart” terminaron por confirmar esta impresión. Lástima por los Harris, no se merecen este presente. Bah, no sé. Porque metieron un bis que nadie les pidió, así que tal vez sí lo merezcan. Chau Inxs, hola Calle 13.
            Todo un tema para mí Calle 13. No es la primera vez que los veo y sin duda tiene un vivo descomunal. Desde ya que han dejado de ser hace rato esa bandita que rozaba el reggaeton en sus comienzos. Pero tienen un discurso politizado que aunque lo intento, no les termino de creer. Eso de los ejecutivos de Adidas víctimas del engaño de un rapero de Puerto Rico es mas un chiste que otra cosa, y me pone a la defensiva ante ellos. Y aunque no son solo eso, y hay también mucha música en el medio, ese discurso suele quedar por delante de las canciones, que en muchos casos se sostienen por sí solas. Porque es cierto que cuando se sueltan en pasajes instrumentales la banda es un lujo (tienen un trompetista cubano que es una delicia), o que cuando abordan el hip hop  más denso como en “La bala” (dedicada anoche a Facundo Cabral) son implacables. Que tienen temas buenos y de los otros; que Residente y PG13 forman un tándem envidiable y que despliegan una energía sobre el escenario que es respondida con creces por parte de un público incondicional. Pero cuando suspenden un show en Comodoro Rivadavia aduciendo exagerado el precio de las entradas, pero aceptan hacer uno como el de anoche, con los tickets al mismo precio del que suspendieron, y en donde vendían un paty a $25 y un agua a $20, no hace otra cosa que aumentar mi sospecha. Todo esto más allá de la ironía de oír a Rene despotricando contra los programas de la farándula y cosechando aplausos desde un VIP en donde minutos antes sus concurrentes se sacaban fotos con cuanto famosos se cruzaran. Hubo música de la buena y arengas por doquier. La demostración de un cariño por la Argentina que resulta sincero. Hacia el final la versión de “Calma pueblo” puso a todo el mundo a cantar, y después la bella “Latinoamérica” con Pedro Aznar de invitado en coros. Cerraron con “Fiesta de locos” un tema de los pedorros, para trencito en cumpleaños de 15, pero que a su gente le gusta. Antes de dejar a Calle 13, dos últimas consideraciones: los cabritos brincan, René. Nosotros saltamos. Y además estaría bueno que ese discurso solidario que pregonan lo apliquen para con sus colegas músicos, porque sabiendo que se trataba de un festival, se cagaron en el resto de los artistas y extendieron su show por veinte minutos sobre lo establecido. Claro, con la mayoría del público de su lado y usándolo como freno ante las amenazas de corte de sonido, no les resultó muy difícil quedarse. No era un recital de Calle 13, era un festival con Calle 13 incluído, pero para quien se cree el centro del universo no parece fácil de entender.
            Y por fin Sonic Youth. Mientras el predio se vaciaba lentamente, porque la amplitud de estilos ni la curiosidad musical parecen ser atributos de los fans de Calle 13, nosotros nos aprontamos al escenario principal en donde Kim Gordon, Thurstoon Moore y los suyos nos esperaban para sacudirnos con “Sacred trickster” y “Calming the snake”, ambas de su último trabajo de estudio, “The eternal”, disco al que volverían más tarde con “What we now”. Si a alguien le quedaban dudas de si la reciente separación de la pareja que da vida a Sonic Youth iba a repercutir en la performance en vivo del grupo, las dudas habían quedado disipadas. Sonic Youth fue todo lo que esperábamos. Guitarras distorsionadas, acoples y ruidos y más ruidos. Sí, ruido en el sentido más musical de la palabra. Una bola sonora que se te mete por los poros y te posee. Una energética dosis de riff que se construyen y se desarman en canciones que no terminan por ser otra cosa que alaridos desesperados y trances de absoluto hipnotismo. No son necesarias muchas palabras desde el escenario, basta que un acople se demore y se defina en la intro de otro tema para entender la continuidad que Sonic Youth le da a un show sin respiro. Con citas a todos sus grandes álbums, privilegiando felizmente a “Sister” y “Daydream nation” en la elección. Del primero hicieron “Cotton crown”, “Stereo sanctity” y “White cross”, y del segundo “The sprawl”, “Hey Joni” y  el implacable “Cross the breeze”. Hay furia, estremecimientos, espasmos musculares siguiendo a esa energía que se desprende del escenario y que saca la noche del parámetro de espacio y tiempo en el que nos reconocemos. Lee Ranaldo arranca quejidos a guitarra con un arco de violín, Thurstoon Moore usa de slide a un ventilador que arrancó de uno de los lados del escenario. Cerca mío un tipo cercano a los cincuenta filma con su teléfono celular mientras todo su cuerpo se deshace en espasmos que convertirán la grabación en una toma digna de Michael Fox camarógrafo. La exageración y la exhuberancia sonora como emblema hace del show de Sonic Youth una experiencia incomparable. La banda sigue tocando y viaja a su pasado profundo  entregando dos temas de “Bad moon rising”: “Brave men run (in my family)”, y el voladísimo “Death valley ‘69”. “You’re perfect in the way, a perfect end today. You’re burining out their lights, and burning in their lights”, mejor cierre imposible, porque el final llegó con la descomunal “Sugar kane” mientras la organización del festival hace explotar antes de tiempo una bomba que lanza papelitos plateados, demostrando que no entendieron absolutamente nada, salvo que hay que encender rápido las luces y largar los fuegos artificiales, no sea cosa que a la gente se le ocurra pedir un bis. Eran cerca de las dos de la mañana, corría un viento fresquito y para salir había que atravesar los lagos de Palermo. Aún así, un “Eric’s trip” de despedida no hubiese venido nada mal como cierre ideal.
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