
El show promediaba, John Lydon le cantaba a su insatisfacción, a la impotencia de no poder
hablar ni caminar, a una memoria que le resulta esquiva. Relata allí
(I'm not satisfied) la meningitis de su infancia y el esfuerzo por
sobreponerse a la frustración de esas limitaciones, algo que según
él mismo, lo terminaría definiendo como artista, pero
fundamentalmente como persona. Delante suyo, en un atril, va pasando
las hojas que le recuerdan las palabras que tiene que decir, cantar,
gritar. Parece una Mercedes Sosa del punk. Está algo más ancho, sus
pelos coloridos tienden a seguir parados, su noz nasal es más grave
pero aún conserva la virtud de conmover en cada aullido, los aritos
en sus lóbulos lo vuelven un “señor copado”, y yo desde abajo
del escenario, mientras marcaba el ritmo con zapatazos en el piso, me
repetía: envejeció bien, John Lydon envejeció bien.

Cuando hace unos años
recibí el newsletter de NME (o Spin, o Mojo, no viene al caso) en
donde se anunciaba que John Lydon reunía PIL, me acuerdo que lo
publiqué en mi perfil de Facebook como una de las noticias
destacadas del año. En ese momento no pensé en qué era lo que
Lydon le podía aportar a la música en tiempo presente, en qué
podía significar en mí escuchar nueva música de esa banda, pero
escencialmente jamás imaginé que esa reunión me iba a permitir la
posibilidad de verlos actuar en vivo.
Desde ese momento,
Public Image Ltd. publicó dos discos. El nombre del primero remite a
una reafirmación de identidad (This is PIL), desde el título del
segundo (Whats the world needs now) la banda se ofrece a modo de
respuesta a las ansiedades y carencias de este tiempo, pero también
se toma espacio para aquello de ponerse de pie a señalar eso que
está mal. En ambos, el sonido que los caracterizó en los '80 y que
definió al post punk, renace actual sin perder un ápice su
capacidad de sugestión y encanto. Y cuando su música se apodera de
un escenario, el tiempo toma la precaución de hacerse a un lado.

Anoche el show empezó
puntual. Puntualísimo. Cuando los músicos se acomodaban sus
instrumentos, saqué el celular del bolsillo para sacar alguna foto
que grafique este post y el reloj cambiaba de 20:59 a 21:00hs.
Empezaron con “Albatross” del fundamental “Metal box”. Lydon
se burla de Malcom McLaren. No se olvida, sigue siendo el mismo. La
banda suena bien, crea atmósferas oscuras a fuerza de guitarras
etéreas y el pulso de las bases obliga al cuello a provocar un
cabeceo constante y sistemático. Pero es con los temas nuevos en
donde esta versión de PIL se siente más a gusto y suena más
aguerrida, como en el doblete “Double trouble” y “Know now”.
La versión actual de la banda incluye dos miembros que pasaron por
alguna de las encarnaciones de los '80: el baterista Bruce Smith y un
guitarrista con pinta de granjero desarreglado: el ex The Damned Lu
Edmonds. El cuarteto lo completa Scott Firth, un bajista sesionista,
de origen jazzero pero que tiene como antecedente haber formado parte
de la backing band de las Spice Girls.
Fue con “This is not a
love song” que el público empezó a participar con coros y sería
algo que no se detendría jamás. En medio de la pista, algunos
hacían lugar para el pogo, al tiempo que le gritaban a John para que
comparta el vino que tenía encanutado en el fondo del escenario y al
que cada tanto le dedicaba un trago. Y los ritmos disco trajeron los
primeros pasos de baile. Esta vez, a diferencia del histórico show
en Obras en los tempranos '90, no hubo escupitajos ni petardo, todo
transcurrió con normalidad.

El setlist combinó con
habilidad temas nuevos (en una proporción alta para una banda de
tanto recorrido, por lo general se apela a un par de temas nuevos y
apostar a los seguro) como “The one” y “Corporate”, con
clásicos como “Death disco”, en donde la guitarra se aunó con
las gargantas para que Lydon pudiese concretar su terapia de gritos
con la que pretende saldar la muerte de su madre. Y en ese contexto
de comunión entre público y banda, “The body” fue una fiesta.
Si con “Deep water”
Lydon se propuso describir musicalmente el bálsamo que resultan sus
paseos aguas afuera con su yate, lo consiguió a todas luces. En
tiempos en los que el medio rockero local se encuentra en la picota,
con denuncias de abusos y declaracaciones tan absurdas como dañinas,
con “Religion” Lydon le devolve al rock el lugar de acusador. Y
si de condenar abusos e injusticias se trata, el cierre con “Rise”
no pudo ser más adecuado. La ira es energía, sí. Y Lydon lo sabe
más que nadie.

Quedaron unos bises de
regalo. “Public enemy” para el PIL más punk en términos
sonoros, y el dueto con el que viene cerrando todos los conciertos de
la gira:”Open up” (el tema de Leftfield con el que colaborara en
la grabación) y “Shoom”, tema que también cierra el último
disco de la banda.
Día de semana, salí
rápido y se me fue un 42. Quería ver el partido de basquet, así
que invertí en un taxi. Aunque pensándolo bien me podría haber
llevado una bolsa de dormir al Vorterix; el sábado allí mismo toca
Television, y el jueves que viene Octafonic presenta su segundo
disco. Después les cuento, obvio.
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