viernes, 12 de agosto de 2016

Public Image Limited en el Teatro Vorterix

El show promediaba, John Lydon le cantaba a su insatisfacción, a la impotencia de no poder hablar ni caminar, a una memoria que le resulta esquiva. Relata allí (I'm not satisfied) la meningitis de su infancia y el esfuerzo por sobreponerse a la frustración de esas limitaciones, algo que según él mismo, lo terminaría definiendo como artista, pero fundamentalmente como persona. Delante suyo, en un atril, va pasando las hojas que le recuerdan las palabras que tiene que decir, cantar, gritar. Parece una Mercedes Sosa del punk. Está algo más ancho, sus pelos coloridos tienden a seguir parados, su noz nasal es más grave pero aún conserva la virtud de conmover en cada aullido, los aritos en sus lóbulos lo vuelven un “señor copado”, y yo desde abajo del escenario, mientras marcaba el ritmo con zapatazos en el piso, me repetía: envejeció bien, John Lydon envejeció bien.
Cuando hace unos años recibí el newsletter de NME (o Spin, o Mojo, no viene al caso) en donde se anunciaba que John Lydon reunía PIL, me acuerdo que lo publiqué en mi perfil de Facebook como una de las noticias destacadas del año. En ese momento no pensé en qué era lo que Lydon le podía aportar a la música en tiempo presente, en qué podía significar en mí escuchar nueva música de esa banda, pero escencialmente jamás imaginé que esa reunión me iba a permitir la posibilidad de verlos actuar en vivo.
Desde ese momento, Public Image Ltd. publicó dos discos. El nombre del primero remite a una reafirmación de identidad (This is PIL), desde el título del segundo (Whats the world needs now) la banda se ofrece a modo de respuesta a las ansiedades y carencias de este tiempo, pero también se toma espacio para aquello de ponerse de pie a señalar eso que está mal. En ambos, el sonido que los caracterizó en los '80 y que definió al post punk, renace actual sin perder un ápice su capacidad de sugestión y encanto. Y cuando su música se apodera de un escenario, el tiempo toma la precaución de hacerse a un lado.
Anoche el show empezó puntual. Puntualísimo. Cuando los músicos se acomodaban sus instrumentos, saqué el celular del bolsillo para sacar alguna foto que grafique este post y el reloj cambiaba de 20:59 a 21:00hs. Empezaron con “Albatross” del fundamental “Metal box”. Lydon se burla de Malcom McLaren. No se olvida, sigue siendo el mismo. La banda suena bien, crea atmósferas oscuras a fuerza de guitarras etéreas y el pulso de las bases obliga al cuello a provocar un cabeceo constante y sistemático. Pero es con los temas nuevos en donde esta versión de PIL se siente más a gusto y suena más aguerrida, como en el doblete “Double trouble” y “Know now”. La versión actual de la banda incluye dos miembros que pasaron por alguna de las encarnaciones de los '80: el baterista Bruce Smith y un guitarrista con pinta de granjero desarreglado: el ex The Damned Lu Edmonds. El cuarteto lo completa Scott Firth, un bajista sesionista, de origen jazzero pero que tiene como antecedente haber formado parte de la backing band de las Spice Girls.
Fue con “This is not a love song” que el público empezó a participar con coros y sería algo que no se detendría jamás. En medio de la pista, algunos hacían lugar para el pogo, al tiempo que le gritaban a John para que comparta el vino que tenía encanutado en el fondo del escenario y al que cada tanto le dedicaba un trago. Y los ritmos disco trajeron los primeros pasos de baile. Esta vez, a diferencia del histórico show en Obras en los tempranos '90, no hubo escupitajos ni petardo, todo transcurrió con normalidad.
El setlist combinó con habilidad temas nuevos (en una proporción alta para una banda de tanto recorrido, por lo general se apela a un par de temas nuevos y apostar a los seguro) como “The one” y “Corporate”, con clásicos como “Death disco”, en donde la guitarra se aunó con las gargantas para que Lydon pudiese concretar su terapia de gritos con la que pretende saldar la muerte de su madre. Y en ese contexto de comunión entre público y banda, “The body” fue una fiesta.
Si con “Deep water” Lydon se propuso describir musicalmente el bálsamo que resultan sus paseos aguas afuera con su yate, lo consiguió a todas luces. En tiempos en los que el medio rockero local se encuentra en la picota, con denuncias de abusos y declaracaciones tan absurdas como dañinas, con “Religion” Lydon le devolve al rock el lugar de acusador. Y si de condenar abusos e injusticias se trata, el cierre con “Rise” no pudo ser más adecuado. La ira es energía, sí. Y Lydon lo sabe más que nadie.
Quedaron unos bises de regalo. “Public enemy” para el PIL más punk en términos sonoros, y el dueto con el que viene cerrando todos los conciertos de la gira:”Open up” (el tema de Leftfield con el que colaborara en la grabación) y “Shoom”, tema que también cierra el último disco de la banda.
Día de semana, salí rápido y se me fue un 42. Quería ver el partido de basquet, así que invertí en un taxi. Aunque pensándolo bien me podría haber llevado una bolsa de dormir al Vorterix; el sábado allí mismo toca Television, y el jueves que viene Octafonic presenta su segundo disco. Después les cuento, obvio.




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