sábado, 10 de diciembre de 2011

El Club de Tobi en Samsung Studio


                El viernes feriado era tan feriado que parecía sábado. Y el fin de semana largo guardaba para ese viernes que era sábado dos propuestas con sello uruguayo. En GEBA, No Te Va Gustar despedía su gran año con un concierto masivo, y en el Samsung, con menos pretensiones de concurrencia, pero con las mismas ganas de mostrar de este lado del río el orgullo por un disco que guarda en su espíritu el sello del aire, el fuego y la música rioplatense, El Club de Tobi y su original propuesta. Y yo me decidí por la segunda. Principalmente porque a pesar de escucharlos mucho, no había tenido oportunidad de verlos en vivo, pero también por rescatar el placer que produce escuchar música en un clima de intimidad. El cuarteto de cuerdas uruguayo integrado por Bruno Masci en cello, Fernado Luzardo en viola, y Mario Gulla y Fernando Rosa en violines (más Paolo Buscaglia en percusión) ha adoptado una formación típica de cámara para abocarse a composiciones populares, rescatándolas en sus melodías, revalorizando desde lo sonoro la belleza de lo simple y devolviéndolas a nuestros oídos renovadas, revitalizadas y originales. Presentando un disco (“Tobismo” – 2010) que a pesar de haber sido grabado en el país, en la provincia de San Luis más específicamente, recién ahora tiene su edición local.
Los uruguayos abrieron  el concierto con dedicatoria especial al rock argentino de los ’80. Primero con “Vencedores vencidos”, después “Mañana en el Abasto”. Y desde ese comienzo quedan claro dos maneras diferentes de encarar las versiones. En la primera la cita es literal, reproduce arreglos originales adoptando el sonido propio del grupo, mientras que en el tema de Sumo, se expanden más allá de la melodía y aportan sus propios tintes.  La percusión es mínima, por momentos apenas el golpeteo de los palillos escobilla sobre una tabla, pero alcanza para acompañar a las cuerdas y agregarle fuerza a las interpretaciones.  Después aparecieron temas propios, como “Vida faz vida” o “Arde puch”, en la cual Bruno abandona el arco y con los dedos sobre las cuerdas le da al cello el lugar de contrabajo.  Son los dos violinistas los encargados de entablar diálogos con la gente, sosteniendo con chistes y juegos con los nombres de las canciones, un clima ameno que provoca sonrisas cómplices en el público. Y el concierto avanza en ese clima llevadero, mientras El Club de Tobi salta desde “Funkciona”, el primer tema de su primer disco (“Anselmo” – 2003) hasta “Libre”, de su último trabajo.
En “Milonga japonesa”, otra canción de “Tobismo”, por momentos el cuarteto adquiere una impronta piazzoleana que hace honor a una sala que supo ser Michelangelo, el recinto preferido del gran Astor, y a la  que le llegó a dedicar un tango. Es más, habiendo visto la noche anterior “Midnight in Paris”, bien podría haber imaginado al bandoneonista escondido en alguno de los rincones del Samsung aprobando a los músicos con una sonrisa.  Cuando interpretan “Cheques” de Spinetta queda bien en claro el por qué un cuarteto de cuerdas tiene llegada y se mueve con comodidad  entre el público rockero: no solo es una cuestión de repertorio, sino de la actitud arriba del escenario. Entonces resulta imposible no seguir el ritmo de cada canción, olvidándose de la letra de la versión original. Y ese tal vez sea el mayor mérito de El Club de Tobi: que temas cuyas letras uno sabe de memoria y que no son de tono inocente ni mucho menos, sean olvidadas por un momento, o queden relegadas al segundo plano, para que sea la melodía la que tome preponderancia y la que exhiba todas sus virtudes de manera límpida, absolutamente despojada de palabras.
El mejor momento a mi gusto se da con “Albañil”, un tema de Jorge Lazaroff. Al final, Mario Gulla le pregunta al público si alguien descubrió la intertextualidad presente en la versión, y alguien responde certero: “Construcción” de Chico Buarque. Y en ese juego de adivina adivinador, está otro de los encantos de estar frente a El Club de Tobi. Cada canción tiene idas y vueltas que revelan citas a otras canciones, algunas breves y ocultas, otras más elocuentes, pero siempre significa un desafío para afinar el oído y la memoria.  En “Luna al revés” hay lugar para el lucimiento solista del cello, y “De mí” es otro de los ejemplos en los cuales la letra confesional del original, pasa a segundo plano a favor de la melodía. “Sabadaba” es puro candombe  y fue seguido del momento Marley de la noche, con “Jamming” y la cita al “Get up, stand up” de Tosh, más el lucimiento de Fernando Luzardo en la viola.
El final con “Post crucifixión” (así es el original muchachos, en el disco lo pusieron con doble c) demostró que las cuerdas pueden adquirir la misma potencia que las guitarras amplificadas, y el propio “Fuck you”, con jugueteo made in Vivaldi incluido, marcó el final del show. Hubo tiempo para bis y estuvo a cargo otro vez de Los Redondos: “La bestia pop” mixturada con “Sweet dreams” y una interminable cantidad de citas que ellos mismos serían incapaces de detallar, porque cada uno de los músicos recorre sus propios caminos y caprichos.
Salí encantado del Samsung y me fui a encontrar con mi hija a la salida del show de No Te Va Gustar. Y ya arriba del 64, comprobé una vez más qué bien se llevan ese disco enorme que es “Un día normal en el maravilloso mundo de Ariel Minimal” y Buenos Aires. Pensando en otro sábado de fiesta popular y orgullo peronista, resultó la mejor manera de ir poniéndome a tono.

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