viernes, 1 de abril de 2011

Jane's Addiction en el Anfiteatro Costanera Sur

Si uno consulta a cualquier asociación de defensa del consumidor, sabrá que las compañías de telefonía celular son las líderes en cuanto a reclamos. Ya se sabe: planes poco claros, promociones confusas, etc, etc. Pero si a mí me decían que mi compañía de teléfono celular me iba a regalar un concierto de Jane’s Addiction, no hubiera tenido problemas de firmar un contrato de por vida, a la manera de un Fausto 2.0. Aunque en lugar del diablo, estaría Movistar del otro lado. Bueno…no quiero hilar muy fino, no sea cosa que sean lo mismo, solo que en su versión tradicional, el señor de las tinieblas te entregue poder y mujeres, y en su versión moderna te regale minutos libes y SMS. Y recitales, claro. Porque de eso se trata esta crónica.
Llegué cuando estaba terminando Bicicletas. A lo lejos escuchaba el riff de “Araña negra” y pensé: yo los voté para que sean soporte (era una de las maneras de conseguir entradas) y ahora me los pierdo. Lástima. Lástima por dos motivos: por habérmelos perdido y por tener que presenciar el show de Edward Shape and The Magnetic Zeros. Si nosotros como público éramos la comunidad Movistar, ellos eran la Comunidad de la estrella Movi. Uno hippies fundamentalistas con un cantante que…como decirlo? Vicentico bajando del techo después de cambiarle la membrana asfáltica a la terraza durante la peor tarde de un verano de Enero, es Michael Buble al lado de este tipo. Exagero? Puede ser, pero el día que los recitales de rock sean auspiciados por empresas de grifería, se tiene que buscar otro laburo. O vivir de lo que coseche, para ser más justo. Canciones folkies, con algún rastro lejano de psicodelia. Arreglos a veces exagerados de cuerdas. Melodías que se pierden y de pronto estallan en estribillos tipo “Hair”. Alegres, eso sí. No me gustaron y fuimos varios. Pero algunos bailaron levemente y aplaudieron, lo reconozco.
A las 21hs en punto se descolgó un telón negro que cubría el escenario y Jane´s Addiction arrancó con “Whores”. Sonido poderoso marca registrada. Del techo colgaban atadas una rubia y una morocha enfundadas en cuero. BDSM & Rock and roll. Perry Farrell con pañuelito al cuello y musculosa negra presenta un look que a sus más de 50 empieza a darle un tono pendeviejo que le queda bárbaro. Gran performer, timbre inconfundible y simpatía al por mayor. Dialogó mucho con el público en un esforzado español. Recordó su visita como DJ a Pachá a principios de siglo y bromeó acerca de Justin Bieber. Preguntó si la chica encaramada en los hombros que estiraba los brazos hacia él era su regalo de cumpleaños, a lo que la gente le respondió con el “Happy birthday…” de ocasión. Recomendó irónico no beber y reservar el sexo para después del matrimonio. Se acercó al público para que lo toqueteen, se revolcó por el piso y se entregó a las chicas amordazadas, que volvieron para bailar provocativas delante de una imagen religiosa. Si Bergoglio estuvo anoche, hoy se pasa a Personal.
Stephen Perkins se desloma detrás de sus tambores y Chris Chaney hace que no extrañemos a Eric Avery. Y además está Dave Navarro. Un animal. Cualquier cosa que yo haya pensado de él hasta ayer queda chica cuado uno está frente a esa guitarra del infierno. Cada acorde y cada riff que sale de su instrumento se te mete en el cuerpo como una descarga eléctrica. Los solos son saguinarios, pero además como guitarrista rítmico se pone a la altura de Hendrix. Un lujo poder verlo sobre el escenario, en donde se comporta como la contracara de Farrell. Parco, escondiendo la mirada bajo un sombrero que no se saca en todo el show. Fumando y apenas devolviendo una sonrisa y un tímido “thank you” a los halagos del público. Hasta mira apenas de reojo a las chicas cuando bailan a su lado, claro que después de Carmen Electra es lógico que nada lo sorprenda.
El set fue tan clásico como breve. “Ain’t no right” provocó el primer pogo. Lo mismo pasó con “Been caught stealing”. Hubo momentos más densos como “Ted, just admit it…” y hasta un tema nuevo: “End to the lies” con una guitarra espesa sobrecargada de efectos. “Three days” fue la encargada de ponerle música al baile sacrílego de Farell, y “Superhero”, “Ocean size”, “Then she did” y “Mountain song” fueron auténticas andanadas de una energía descomunal. Se fueron del escenario para regresar con “Stop” y arrasar con lo poco que quedaba en pie. Y le dieron a un concierto desbordado de energía, un cierre minimalista y acústico con “Jane says”. Me hubiese gustado un cierre más arriba. “Just because” por ejemplo no hubiese estado nada mal. Pero se trató de apenas una hora y media, y además gratis. Nada para reprochar. Primer paso de Jane's Addiction por el país, al que llegaron de rebote, porque vinieron en realidad a Chile, a la versión Sudamericana del “Lollapalooza”, aquel festival que Farell ideara en los ’90 que alcanzó dimensiones míticas.
El resto de las empresas de las van a tener que esforzarse mucho para que cambie de compañía de celular. Resucitar a Hendrix o a Zappa, como mínimo. Porque estos tipos de Movistar, de los cuales no esperaba más que una banda tributo a Styx, me trajeron a Jane’s Addiction! Inesperado por donde se lo mire. Aunque pensándolo bien, tiene algo de lógica. Porque para qué nos vamos a engañar, si aquella advertencia que inauguraba “Ritual de lo habitual” y que decía “Señores y señoras, nosotros tenemos más influencia con sus hijos, de la que tu tienes” hoy se ajusta mejor a la compañía que auspicia el concierto, que a cualquier banda de rock del planeta.
Publicar un comentario