domingo, 3 de abril de 2011

U2 en el Estadio Unico de La Plata

Apenas entré, todavía de tarde, al lugar del concierto de U2 descubrí que parece hecho a medida de la puesta en escena del 360º tour. “The claw” y el Estadio Único se llevan de maravillas. El escenario es impactante. Uno espera eso de U2, pero siempre doblan la apuesta y terminan por sorprender igual. La estructura que ellos arman en tres días parece una obra pública de esas que acá se proyectan para dos años y terminan haciéndose en diez y costando el triple. El mismo Estadio Único es buen ejemplo de esto. Empiezo por contar esto, porque no creo que se aun hecho menor. En definitiva: buena acústica, se ve bien de todos lados y encima está rodeado por vecinos de clase media, con lo cual, si algún día se quejan de las vibraciones en el suelo, no habrá Rodriguez Larreta que les de pelota.
Excelente elección la de Muse como teloneros. Porque se trata de una banda que (HAARP mediante) demostró que los estadios le sientan perfecto. Yo los había visto en el Gran Rex en un punto más alto de su carrera (“The resistance” es, definitivamente, un paso atrás), y tengo que decir que los cuarenta minutos de anoche fueron poco. Aunque al comienzo la voz de Bellamy no fue ayudada por mezcla, para la altura de “Time is running out” ya mostraban lo mejor de sí. Levantaron al público con “Uprising” y “Starlight” y cerraron con la arrolladora “Knyghts of Cydonia”. Una presentación que, a diferencia de lo que pasó con Franz Ferdinand en 2006, acaparó la atención del público que no los conocía a fondo (más de uno hoy anda en Taringa! bajando sus discos) e hicieron las delicias de los suyos, que no fueron pocos: ví muchas, pero muchas en serio, remeras de Muse en el estadio.
Ya con el estadio repleto, la espera estuvo amenizada, como toda la tarde, por música clásica variada (Sinfonía 40 de Mozart, Bolero de Ravel) que parecía de esos compilados de “Los mejores 100 momentos de la música clásica” que se venden por TV compras. Ya acercándose el momento del show se escuchó a REM y una sorpresa que provocó el primer estremecimiento: el riff de “De música ligera” levantó a la gente que saltó y cantó como si estuviese en un show de Soda. Regalo inusual para una banda extranjera y que sirvió para complementar el rezo por la salud de Gustavo Cerati que Bono hiciera en el show del Miércoles. Después lo sabido, el 360º tour.
Si la puesta en escena tenía pretensiones épicas, la melodía del “Space oddity” de Bowie que antecede la salida de los músicos termina por coronarlo. Ya en escena los irlandeses muestras de entrada sus dos versiones: primero la experimentación made in “Achtung baby” con “Even better than you real thing” Y después la frescura de sus inicios con “New year day”. “Magnificent” nació para himno de estadio y “Mysterious ways” nos devuelve a “Achtung baby”, un disco que está cumpliendo 20 años y como a los mejores vinos, el paso del tiempo no hace más que enriquecerlo.
El setlist es un repaso de buena parte de los hits de su carrera sin olvidar que, entre otras cosas, hay un excelente “No line on the horizon” para presentar. “Get on your boots” será el primer gesto en ese sentido. “Elevation” levanta al público por primera vez y con “I still haven’t found what I’m looking for” (con cita a “Stand by me”) la magnificencia de la puesta se rompe para colocar a la banda en una relación íntima con el público. Situación que se complementa cuando Bono hace subir a una chica para hacerla leer dos estrofas de “Gracias a la vida”, dedicada a una cantante que “ya no está” (Bono no nombró a Mercedes Sosa). Desconozco si el corazón de la chica sobrevivió al episodio, pero yo me quedo con una curiosidad: Bono y Hugo Chavez rescataron en la misma semana y en la misma ciudad, los mismos versos de Violeta Parra.
Que U2 es un mecanismo perfecto no es ninguna novedad. Relacionándolo con el lugar del concierto, se podría decir que U2 es Estudiantes de la Plata. Sólido, que no te da respiro en ningún tramo de la noche y cuando es necesario contundente. Contundencia que aparece cuando suenan temas como “Get on your boots”, o más tarde, “Elevation”, pero que no pierde eficacia cuando el show apela a lo emotivo. En ese sentido no hubo manera de no sentir como la piel se erizaba con la preciosa versión acústica de “Stuck in a moment”, con dedicatoria a Michael Hutchcence. “It’s just a moment this time will pass…and never tears apart” cantó Bono en el final. “Beautiful day” fue la encargada de cerrar a puro salto ese tramo del concierto. La base Clayton-Mullen no es solo monolítica sino que es corazón de la banda, la guitarra de The Edge inventa sonidos todo el tiempo, y Bono es un frontman de esos a los que ninguna situación les queda grande. Y si alguien duda, busque en Youtube alguno de los cientos de videos que debe haber de la interpretación de “Miss Sarajevo”, haciendo gala de sus tonos operísticos y consiguiendo que el recinto permanezca en un silencio perplejo de respeto y admiración.
Lo más sorprendente es la manera en que Bono y los suyos consiguen que la gigantesca parafernalia que los rodea se limite a ponerse al servicio de la música. Algo que yo no había podido percibir desde mi pésima ubicación en el “Vértigo tour” y que ahora, con una puesta más pretenciosa aún, fue una sensación tan natural como evidente. Los efectos, los bombardeos lumínicos de una estructura que desde sus “garras” despide luces como fogonazos, que tiene una pantalla superior que a veces desciende hasta quedar sobre la cabeza de los músicos, los puentes móviles que unen al escenario con el anillo que lo rodea (cuando Bono y The Edge buscan tocarse estirándose desde cada uno de los puentes, son dos chicos jugando en su parque de diversiones), todo es un complemento de una banda de rock, que desde el centro de la estructura, literalmente te pasa por arriba. El momento crucial en cuanto al lucimiento de “The claw” fue la triada “City of blinding lights”, “Vertigo” (perdón Japon, si volvió a temblar, esta vez fuimos nosotros desde el otro lado), y el éxtasis de adrenalina lumínica en “I’ll go crazy if I don’t go crazy tonight”, con el estadio convertido en un auténtico boliche, en otro momento culminante que incluyó cita a “Two tribes” de Frankie goes to Hollywood. Durante “City of blinding…” Bono hizo subir a otra chica, que esta vez fue la privilegiada destinataria del “You look so beautiful tonight”
Luego, el redoble más famoso de la historia dio por inicio a “Sunday, bloody Sunday” que significó el momento más político del show, con la mención a la liberación de Aung San Suu Kyi en Birmania, una de las causas que la banda asumió como propias y un final con “Scarlet” y el escenario rodeado de velas con el símbolo de Amnesty International. Pasó “Walk on” y luego “One” con la gente elevando sus celulares y cantando con lo que quedaba de voz, una de las más bellas canciones que los irlandeses hayan creado. Y otro clásico: “Where the streets have no names” que bien podría estar dedicado a La Plata, aunque algún fundamentalista platense diga que allí, las calles sí tienen nombre.
Le siguió un video lisérgico que cuando se apagó, mostró a la banda regresando desapercibida, con Bono cantando “Ultraviolet” con un micrófono rodeado por un círculo rojo, que parecía un volante iluminado, y que también le sirvió para improvisar alguna pirueta gimnástica. Micrófono que se volvió azul para otro clásico: “With or without you” (algún día me gustaría que esos DJ’s adeptos a mezclar canciones, cruce esta con “Heroes”, hay algo en el pulso del bajo que las une). El final fue, al igual que el miércoles con “Moment of surrender” en un cierre de alta emotividad y un lujo que no puede darse cualquier banda con más de treinta años de trayectoria: terminar un concierto con un tema de su último disco. Y mientras Bono se despedía al grito de “Aguante La Plata” (lo pongo con mayúsculas porque quiero creer que él también lo pensó así), la gente se amuchaba para irse, sabiendo que el regreso iba a ser más que complicado. Yo hice lo mismo, porque si perdía la combi que me traía de regreso a Buenos Aires, quedaba más perdido que Stevie Wonder en Parque Chas.
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