viernes, 4 de abril de 2014

Johnny Marr en Niceto

Al final no fui al Lollapalooza. La lista de excusas es casi tan larga como la de motivos para arrepentirme. La cuestión, resumida, porque no es motivo de este posteo, es que de la grilla de ambas fechas, había dos artistas que no había visto nunca y me interesaban en particular por encima del resto: Arcade Fire y Johnny Marr. Dicen los que uno sabe que saben, que lo de los canadienses fue extraordinario. Pero un martes laboral, llegar a San Isidro a tiempo, para mí era casi como llegar a Chile, y en el mejor de los casos, pagar veinte shows y ver uno solo. El miércoles sí era feriado pero jugaba River, y como decía la campaña “en la vida hay que elegir”. Elegí y el gol de Carbonero compensó cualquier pena musical. Mi pequeña venganza sería (esto ya lo sabía de antemano y hace bastante tiempo) el sideshow de Johnny Marr; venganza que los deseos de “amo del universo del rock” de los que adolece Mario Pergolini, puso en riesgo al negar caprichosamente y sobre la hora el Teatro Vorterix. La producción actuó rápido, movieron los sideshows a Niceto y yo pasé sin culpa alguna de un miércoles cantando “el que no salta es un ingles” en Nuñez, a una cita de jueves con el guitarrista de Manchester.
Ni bien llegado a Niceto me topé con que la entrada que yo tenía para el concierto original en el Vorterix había que canjearla en la boletería, que además era la misma en la que se vendían remanentes. Media hora para entregar un papelito amarillo a cambio de uno rosa...parece que la burocracia ha copado también el rock. Dónde está Frank Zappa cuándo se lo necesita!, pensé antes de encontrar buena ubicación. Bien, una vez adentro no tuve mucha espera, algo insual en Niceto, que por lo general no respeta horarios en busca de que el público se hidrate en la barra. Será que había un evento de trasnoche o será que decidieron sumarse con timidez a la abstemia militante de Johnny. La cosa fue que apenas quince minutos después de las 9, y con un Niceto atiborrado de gente, Johnny Marr y los suyos entraron al escenario.
Para los que veníamos chusmeando lo que el guitarrista de Manchester venía haciendo, el show casi no tuvo sorpresas: abrió con “The right thing right”, uno de los temas bien “garageros” de su primer disco solista, y nos dio la pauta de dos cosas: que energía no iba a faltar, y que el volumen iba a sangrar oidos. Si bien encadenó “Stop me if you think you've heard this one before”, el primer tema de Smiths de la noche, recién fue con “Upstarts” (perteneciente a la veta brit de “The messenger”) que el público lanzó sus primeros saltos. Aunque mucha gente comentaba el show que un día antes Johnny había dado (en el insólito horario de las 15:45hs) en el Lollapalooza, se notaba que el concierto que todos esperaban era el de anoche. Digamos que la “mesa chica” de los fans presumía que sería en ese ámbito, en donde el tardío contacto de Marr con el público argentino, alcanzaría la gloria. Y vaya que no nos equivocamos.
Con “Sun & moon” y “The crack up” la banda retomó su espíritu y sonido más punk, y a partir de “Panic” el show alcanzó un estado de gracia. Hay que decir, salvando las enormes distancias, que Johnny Marr es a los Smiths lo que Skay a Los Redondos. Porque mientras Morrissey transita el camino de la masividad y el éxito, Johnny se recuesta en una ámbito de pretensión más acotada. Y a mí, que tuve la posibilidad de ver a ambos en vivo, no me costó mucho percibir que el público se sentía de verdad a gusto en esa pequeña montonera apretujada sobre el escenario. Menos histeria, y más agresividad al grito de “Johnny fucking Marr”, mientras desde el escenario se recibía la energía y se devolvía por duplicado.
Unos diez días atrás pasé por la muestra que Kevin Cummins presentó en Buenos Aires, así que “New town velocity” resultó la pincelada musical perfecta para decorar las imágenes del Manchester que las fotografías de Kevin me habían revelado, y de algua manera me sirvió para cerrar ese círculo. La adolescencia de Marr, el abandono del colegio, la arquitectura de aquella ciudad, son retratados en el que tal vez sea el tema que rankee entre lo más alto del disco a la hora de los arreglos. Y en “The messenger” la dupla de guitarras continua mostrando ese otro tipo de sutilezas (en este tramo es brillante el trabajo de James Doviak), que aunque sean interrumpidas por “Lockdown”, vuelven en el momento más denso de la noche, con “Say demesne”.
Al igual que en Lolla, “Generate! Generate!” estuvo dedicada al Kun Agüero, porque la pasión por el City no tiene fronteras (aunque sospecho que si Johnny llegara a escuchar alguno de los discos de la noviecita cantante del Kun, se olvida por completo de mezclar futbol y música por mucho tiempo). Y el descontrol se apoderó de todos con una rockerísima versión de “Bigmouth strikes again”, cuyo pogo excedió largamente a los más entusiastas fans y se prolongó a lo largo de todo el boliche, contagiando incluso a los más grandes (que no eran pocos) que se habían mantenido en una prudente pasividad. El show desbordó por todos lados, la temperatura hizo que el aire se vuelva irrespirable, y fue el bajo new wave irresistible en “Word starts attack” el encargado de cambiar empellones por pasitos de baile.
Un tema nuevo, “Boys get straight”, de frenético espíritu punk, fue la antesala para una demoledora versión de “How soon is now?”, con las guitarras al palo y una voz que por momentos apenas llegaba a oirse. El concierto se cerró con el mismo tema que Morrissey en su último paso por el país, lo que da la pauta que a la hora de allegarse a su vieja banda, sienten y asimilan parecido. Acá nadie canta “solo les pido que se vuelvan a juntar”, pero más de uno se imaginó lo que hubiera sido la voz de Mozz en semejante cierre.
Hablando de The Smiths: si hay algo en las versiones que Marr hace de los viejos temas, es que a pesar de intentar acondicionar un poco su voz a los tonos más melodiosos de su ex compañero, allí radica su principal limitación. Si bien en temas como “Panic” la fuerza y la actitud superan el condicionamiento, en otros como “Please, please, please let me get what I want” (el elegido para abrir la tanda de bises) la cosa se le dificulta. Y como si se rebelara a él mismo, el cover de “I fought the law”, lo reafirma en su crudeza vocal, mientras la banda arrasa a sus espaldas.
Siguió otra nueva, “Candidate”, con unos arreglos de guitarras que valdrá la pena oir en la prolijidad del próximo disco, y si de Manchester se trataba, “Getting away with it” (de Electronic, la banda que compartiera con Bernard Sumner de New Order), lo más parecido a un hit que hizo en su carrera post-Smiths, nos trajo el espíritu de la ex industrial ciudad del Reino Unido, y un trabajo en bajo de Iwan Gronow digno de destacar. Después había que cerrar, y no podía haber mejor despedida que “There is a light than never goes out”. Y aunque todos allí teníamos casa adonde regresar, la idea de no volvernos resultó una súplica, y el canto a la luz que nunca se apaga casi que quedó en manos (en gargantas, mejor dicho) del público que en su euforia llevó a Johnny Marr a apartarse del micrófono y limitarse a escuchar a los suyos.
En medio de las crónicas sobre el primer Lollapalooza argentino, tal vez este show termine siendo olvidado, o al menos, relegado a un segundo plano. Pero los que elegimos privilegiar (o en muchos de los casos sumar) el ámbito reducido a la experiencia, podemos inflar el pecho orgullosos.





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