domingo, 3 de marzo de 2013

Elton John en Velez


                Cuando llegué a Velez me encontré con alguna de las imágenes que había previsto: un público ecléctico, mezcla de rockeros añosos y señoras con pinta de directoras de jardín de infantes, algunos pequeños curiosos, y algunos otros chic@s bien arropados para estar a tono con el ícono en cuestión. La vista de las tribunas del estadio no distaba de la habitual postal de los domingos futboleros en Liniers: muchos claros en las plateas, porque salvo el sector VIP repleto, en el resto sobró lugar. Digamos unas 15 mil personas, tal vez 20 mil porque soy malo para los cálculos, pero desde ya que el lugar quedó grande. Algo que las sucesivas promociones lanzadas las últimas semanas  hacían prever; incluso una radio llegó a ofrecer en un concurso junto con la entrada para el recital, la posibilidad de pasar un día con Elton John (???). Desde afuera, mientras transitaba los últimos tramos de la explanada para acceder al campo, llegué a escuchar la despedida de María Eva Albistur, que hizo las veces de telonera. Ya adentro las pantallas explicaban la manera de comportarse en caso de siniestro, agregando en este caso el consejo de alejarse de carpas y escenario en caso de ráfagas de viento. Yo lo interpreté a mi antojo, e imaginé que había que alejarse en caso de que se suba Ráfaga al escenario, pero ese es otro tema; esto se trata de música, así que allí vamos. Eso sí, algún día alguien tendrá que explicarme cómo es posible que en un evento tan masivo, que requiere entre otras cosas del alquiler de un estadio, pueden poner a una única esquina como punto de reunión en caso de emergencia, como si se tratase de una reunión de consorcio.
                Con unos diez minutos de retraso, poco para un concierto de rock, pero grave para un caballero británico, Elton John (lentes azules, que sumado al oro del peluquín, lo hacían un tanto bostero para mi gusto) salió a escena con “The bitch is back”, poniéndole un irónico título a las crónicas de todos los que un día después nos animamos a escribir algo. En seguida “Bennie and the Jets” dio la pauta de que estábamos frente a una gran noche de lucimiento no solo del líder, sino de la banda toda, porque lo que hicieron el piano de Elton y el bajo de Matt Bissonette hacia el final del tema  fue magnífico. Y el climax góspel que pone punto final a una grave versión de “Levon”, lo terminó por confirmar. En primer lugar hay que decir que con el viento que corría anoche, lo que hizo el sonidista fue extraordinario. Al menos desde el campo el sonido fue perfecto, limpio, parejo y de un volumen acorde al estadio. Si la banda ofrecía detalles para descubrir y disfrutar, la tecnología sonora permitió gozar de cada uno de ellos. La banda de Elton incluyó a los históricos Davey Johnstone en guitarra y Nigel Olsson en la batería (tan delicado que toca con guantes blancos, y que a primera vista resulta una cruza entre Julio Iglesias y el  profe Córdoba), y al nombrado Bissonette en bajo (a quien yo llegué a ver junto a Joe Satriani en el Luna Park, durante la gira de “Is there love in the space?”), quien ocupa con autoridad el sitio de Bob Birch, quien se suicidara el año pasado. El grupo se completó con un segundo teclado, percusión y un coro de cuatros voces negras, entre las cuales se encontraba la mismísima Rosie Stone, aquella de Sly and the Family Stone.
                A esta altura de su carrera no es necesario decir que Elton John puede hacer lo que se le cante, como por ejemplo armar una gira para celebrar los cuarenta años, ya no de un disco, sino de una sola canción, en este caso “Rocket man”. Pero este Elton más viejo y más sabio abandona excentricidades para colocarse en el lugar de un intérprete magnífico de lo mejor de su carrera. No por nada el 90% del setlist tiene fecha de edición anterior a 1975, y cuando se acerca más al presente, se limita a unas pocas canciones como ese temazo que es “Believe”. Este Elton John menos performer y más songwriter dio cátedra anoche en Velez, y se dio el gusto de lucirse y hacer lucir a su banda (el slide de Johnstone en “Tiny dancer” fue delicioso, por ejemplo), rescatando temas y homenajeando ciudades, como el doblete con la neoyorquina “Mona Lisa and Mad Hatters” (altísimo momento del show), seguida por “Philadelphia freedom”.
                Acto seguido encadenó tres hits: primero “Candle in the wind”, por suerte con letra original y sin citas a Lady Di, apenas unas velas encendidas en la pantalla. Después le roba la metáfora del éxito al Mago de Oz para hacer  “Goodbye yellow brick road”, uno de los temas con mejores arreglos que jamás se hayan grabado, y en seguida “Rocket man (I think it’s going to be a long, long time)”, el tema homenajeado de la noche, con una festejada intro de piano. La voz de Elton algo más gastada, les entrega a las baladas un condimento extra, las vuelve más graves, íntimas, menos empalagosas. Las melodías lucen con otra madurez, y en ese tono yo me sentí más que a gusto. Dije antes que cuando Elton John se acerca al presente lo hace eligiendo meticulosamente los temas, y “Hey Ahab”, del disco “The union”, aquel que grabara con Leon Russell en 2010, es la mejor confirmación. La banda toca rythm & blues como nunca, lo que se sostiene a continuación con “I guess that´s why they call it the blues” que tiene un clímax final contagioso. Otra vez la premisa fue actitud menos melosa y más feeling, y la versión salió ganando. “Funeral for a friend/Love lies bleeding” significó un tramo casi progresivo de la noche con un centenar de insectos otorgándole un efecto especial al juego de luces, y con “Honky cat” Elton John nos traslada al clima de un salón de New Orleans, justo el día que los boludos de TN nos quisieron hacer creer que los porteños también podíamos tener tormentas con nombre.
                Después de “Sad songs (say so much)”, llegó el momento easy listening de la noche: una gran versión de “Daniel”, seguida por mi preferida por siempre “Sorry seems to be the hardest word”. Elton quedó solo con el piano e hizo “The one”, que reemplazó en el setlist a “Skyline pigeon”, decisión que no comparto en absoluto. Ese Elton John más FM se consolida (luego de presentar a la banda) con “Dont’ let the sun go down on me”, un pelotazo al que por suerte no llegó George Michael a ponerle más mermelada. Pero la gente participó por primera vez, lo que me da la pauta para afirmar, aunque peque de soberbio, que disfruté más el show que la mayoría de los presentes.
                El tramo final tomó temperatura con “I’m still standing”, y puso a la platea a bailar por primera vez con “Crocodile rock”, mientras Elton recibía un cocodrilo de peluche, al que puso a descansar arriba de su piano. El falsete contagioso estuvo a cargo de la gente, y el concierto se cerró con la poderosa “Saturday night’s alright for fighting” con la banda otra vez suelta y rockeando. Aunque a mi juicio lo mejor de la noche había sucedido en la primera mitad del concierto, no pude evitar mover la patita siguiendo el ritmo, “cause saturday night’s the night I like, saturday night’s  alright”. Quedó apenas un rápido regreso al escenario con el único clásico que faltaba, y entonces con “Your song” el británico cerró su tercera visita a Buenos Aires. Elton John será el único músico extranjero que podrá decir que pasó por los tres grandes estadios de Buenos Aires: River en 1992, Boca en 2009, y anoche Velez. Un público, que de tan fiel es capaz de comprar anteojos de plástico con lucecitas de colores a $30, ya espera ansioso por la cuarta. 
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