jueves, 22 de noviembre de 2012

Pulp en el Luna Park

A esta historia la voy a comenzar a contar desde Marzo de 2008. Jarvis Cocker había llegado por primera vez a la Argentina para dar dos shows en La Trastienda presentando su primer disco solista. Hacia el final del primer recital nos ilusionó con un “ahora voy a tocar un tema de Pulp.....Fiction”. Turro, muy turro el remate. Y mentiroso además, porque el tema en cuestión (“Little green bag”), en realidad pertenece al soundtrack de “Reservoir dogs”. Cuatro años estuve con la jodita atragantada. En medio una expectativa enorme por su juntada con Steve Albini para un segundo disco solista, cuya concreción demostró injustificada. Y una vez conocida la reunión de Pulp, la ilusión de que aquella performance de 2008 termine resultando apenas un aperitivo de algo más grande. Que funcione como funcionó el show de The Breeders para los demorados Pixies, conciertos también unidos por una imaginaria linea entre La Trastienda y el Luna Park. Y así como en Mallorca alguna vez nació el “Waiting for Waits” para esperar al gran Tom, la ansiedad en la Argentina fue creciendo hasta que desde Niceto, bajo la sugestiva pregunta ¿Viene Pulp?, empezaron a llegar los primeros síntomas de la concreción del sueño.
Entré al Luna Park cuando Les Mentettes Orchestra estaba terminando su set. Los shows entre semana me están retaceando la posibilidad de disfrutar de las bandas soporte y la verdad me jode bastante. Pero por otra parte después de una jornada por encima de los 30º C en Buenos Aires, uno necesita una ducha antes de volver a salir de su casa, más cuando el rubro “sucio y desprolijo” no está contemplado en el universo de la estética Pulp. El escenario estaba cubierto por un telón negro traslúcido sobre el que, ni bien se apagaron las luces, los laser comenzaron a dibujar preguntas y advertencias: ¿Están dispuestos?, ¿Vamos a pasarla bien? No queremos problemas ¿Tomamos algo? Inlcuso a la pregunta ¿Quieren ver un delfín?, siguió la imagen de dos delfines zambulléndose en un mar verde fluor. Graciosa la presentación, que nos hizo saber lo divertido que podría ser el Infotrans si Jarvis Cocker fuera chofer de colectivo. ¿Se acuerdan de la primera vez?, preguntan los laser a un público virgen de esa experiencia, antes de que se enciendan de a una, por detrás del escenario, las letras de neón que forman el nombre del grupo. El telón recién cae cuando llega el estribillo de “Do you remember the first time?” y uno ya está feliz antes de saber cuánto le queda por celebrar.
Los que habíamos visto en 2008 a Jarvis sabíamos muy bien qué tipo de performance es capaz de producir en vivo. El tipo es simpático, irónico, a veces humilde y otras algo sobrador. Intenta hablar (leer) en español, apela a frases cotidianas y porteñas (tirar la casa por la ventana, la noche está en pañales, la verdad de la milanesa, chiche bombón) provocando una mezcla de sonrisas y exclamaciones jocosas. Cuando la gente canta por él (la palabra Pulp es imposible de incluír en la métrica del clásico “ole, ole, ole...”), Jarvis hace encender las letras de neón para resaltar al grupo por sobre su figura. La banda suena potente y de entrada queda claro que nadie escatima en cuanto a volumen. “Pink gloves”, “Razzmatazz” y la bella “Something changed” (con Jarvis con la acústica colgada por primera vez) son momentos para ir entrando en calor, pero a partir de “Disco 2000” la cosa nunca volverá a ser igual. Y cuando digo la cosa no me refiero solo al show, ni a la noche, sino a la vida de cada uno que haya estado allí dentro. El Luna Park se transforma en una discoteca gigante. Un mundo de neón, humo y electricidad. Todo es exagerado y nunca kitsch. Los laser hieren los ojos, el tipo de anteojos de marco grueso reparte golosinas, recibe otras (alquien le arroja una Vauquita), se sacude en espamos, baila, canta igual de bien que en los discos y se entrega por completo al show. El día de la música es hoy, sentencia Jarvis, adelantando el santo de las Cecilias, y aprovechando el cabalístico número 211112 que se forma con la fecha del show. Y tiene razón, después de lo de ayer van a tener que cambiarlo.
Las canciones son todas clásicos. Haciendo base en el período de mayor éxito de la banda (“His'n' heres”, “Different class” y “This is hardoce”) Pulp ofrece un repertorio seguro: “Sorted for E's & wizz”, “F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.”, “Like a friend”. Las canciones son delicadas, exquisitas y todas explotan en estribillos que mueven a la euforia. En eso Pulp es al pop lo que Wagner a la música clásica. Grandilocuencia, pero sin valquirias que inciten a arrojar napalm desde un avión o a invadir Polonia, sino, a lo sumo, que mueven a salir a correr en pelotas por la costanera con una botella de whisky en la mano. Desenfado, abuso, exaltación, goce y éxtasis. Pulp.
En medio de esa celebración, Jarvis Cocker se escapa de la fiesta, se encierra en un cuarto reservado y después de seducir de manera bizarra con “Underwear” se introduce en la perversión de “This is hardcore”. “This is hardcore” es sexo al límite. Es cuero, cadena, violación de la intimidad. Es el labio mordido hasta sagrar, el estremecimiento que produce el surco que deja el filo de un cuchillo recorriendo la piel desnuda. Son las palabras pero también la densidad de los arreglos, la melodía, la veneración oscura e inmoral. El clima de tensión sexual que despide la banda desde el escenario en ese tramo, hace quedar al “Pornography” de The Cure como el video de una fiesta de bautismo. Jarvis Cocker termina en el piso, meciéndose sobre un cuerpo invisible mientras cierra la sesión con un inapelable “What exactly do you do for an encore?, cos this is hardcore”.
Después de eso “Sunrise” es apenas como un coctel de cortesía servido en el “Bar Italia” que lo sucede. Y narrar lo que ocurre cuando suena “Common people” merece una crónica aparte. El éxtasis al extremo, las saltos, el pogo y el baile en un solo movimiento espasmódico y desenfrenado que hace del Luna Park un crisol de sudores que hierven en una temperatura inusual. Antes hablé de euforia y en ese momento la euforia llega a su clímax. Queremos ser gente común y corriente, pero en ese momento somos todos especiales y únicos. La adrenalina conduce cada movimiento y cuando Jarvis Cocker se derrumba sobre el escenario, la entrega y devoción de la gente es absoluta. Y los (pocos) que se van, lo hacen un poco por el horario, pero otro poco porque saben que nada de lo que pueda suceder después va a poder superar ese momento.
Pulp sabía de nuestra espera y ansiedad y por eso se tomó buen tiempo para dedicarle a los bises. “Mile end” (de la banda de sonido de “Trainspotting”) y “Little soul” fueron suaves caricias para los que todavía no habíamos recuperado el ritmo de la respiración. Después “Help the aged”, ese extraordinario tema de “This is hardcore”, con una letra magnífica que derrumba más prejuicios que cualquier publicidad emotiva de la ANSES. Uno no puede dejar de pensar en los versos, aunque Jarvis ha declarado hace poco que no es bueno leer las letras mientras se escuchan la canciones (lo que presumo es un burdo argumento para que compremos sí o sí el reciente libro “Madre Hermano Amante” que compila todas sus letras). Y mientras nosotros intentamos olvidar de que nada dura para siempre, “Mis-shapes” es la encargada de dar por fin a ese primer tramo de la extensa despedida.
Las luces nunca se encendieron y algunos plomos reacomodaron micrófonos e instrumentos. Había más, y ese premio adicional fue con “Live bed show” y su coro irresistible. Y un “Party hard” como gesto para los que, a pesar de los hits, a la hora de hacer preferencia, guardamos un lugar privilegiado para “This is hardcore” en nuestros corazones. Después sí fue despedida definitiva, y yo salí del Luna Park completamente aturdido y exausto. Pulp debe su nombre a la película homónima de 1972, con Michael Caine haciendo el papel de Mickey King, un escritor de novelas de detectives baratas. El afiche promocional de aquel film decía : Mickey King writes pulp, lives pulp, very soon could be pulp”. Premonitorio, porque ayer de verdad todos salimos siendo un poco Pulp.
El show de anoche en el Luna Park será un hito. Yo recuerdo muy bien la perfección de Radiohead y la emotividad a flor de piel de los shows de Pearl Jam. Pero la energía de Pulp solo puede ser comparada a la noche de los Pixies en ese mismo estadio. En mi caso podría sumar a esta percepción lo que hizo Jason Pierce con Spiritualized en La Trastienda, pero allí fue menos masivo, así que me lo reservo. Hice lo que nunca: salí del show de Pulp y volví en el 4 escuchando “Different class” en el Ipod; no podía parar. Hoy voy a ver a Joss Stone, y todavía no sé como carajo voy a hacer para ponerme a tono.
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