jueves, 10 de diciembre de 2015

Morrissey en el Teatro Opera

Ayer era un día muy especial. Tenía expectativas de ver a Morrissey en un teatro, y por ese motivo privilegié la elección del concierto en el Opera al de hoy en el Luna Park. Había riesgos. De no haber defendido tan mal en Parque Patricios, anoche se me podría haber juntado el recital con la final de la Sudamericana. Finalmente Milton Casco se encargó de despejarme la agenda. Pero por otro lado, surgió el acto despedida de Cristina en Plaza de Mayo. Dos hechos consecutivos y a poca distancia. Podía coordinar todo tranquilamente, excepto por un detalle nada menor: llegar ahumado por los chorizos no era la mejor fragancia para entrar en un show de Morrissey. Por suerte en la entrada, un puñado de pibes transpirados me dieron la pauta de que no era el único. Y un hombre que portaba una elocuente remera con la estampa de Perón, terminó por confirmarlo.
Media hora después de lo que anunciaba la entrada, en una pantalla adelantada al escenario comenzó con una proyección de videos, al estilo viejo videobar. Las imágenes saltaron de los Ramones a New York Dolls, de Tina Turner a Aznavour, pasando por Anne Sexton leyendo su “Wating to die” y el “Ding dong, the witch is dead” musicalizando las escenas que retrataban a la Inglaterra que se despertaba con la noticia de la muerte de Margaret Thatcher. Luego sí, se elevó la pantalla (un telón blanco, bastante informal por cierto) y la banda entró al escenario mientras en la parte baja del teatro la gente se amuchaba contra el escenario y quebraba el orden de butacas y pasillos.
En un recital de Morrissey que arranca con “Suedehead” nada puede salir mal. Y así fue. La banda sonó de entrada ajustadísima y el sonido del teatro hacía más que disfrutable cada uno de los detalles. Un par de flores volaron hacia el escenario, pero felizmente la histeria no abundó. “Alma matters” sirvió casi como carta de presentación: la entrega absoluta del artista para con su gente, que lo esperaba ansiosa, después de aquel fallido regreso, cuando la comida peruana le jugó una mala pasada a su sistema digestivo.
“World peace is none of your business” era la excusa para el show, sin embargo los dos años que ya lleva en la calle le permitieron a Mozz armar un setlist de recorrido amplio, con muchos hits, citas a los Smiths y varios guiños para fans. Recién con el festejado “Kiss me a lot”, Morrissey recurrió a su material publicado más reciente.
Si los videos del comienzo exhibieron con sarcasmo su odio por Margaret Thatcher, el tema político y social no dejó de estar presente en el resto del show. Durante “Langlord” se mostraron violentas escenas represivas, y también hubo referencias a esas temáticas en “World peace is none you business” (con el tecladista Gustavo Manzur pasando al frente del escenario y repitiendo el estribillo en español) y “The world is full of crashing bores”. Y desde ya, su lucha anti taurina con “The bullfighter dies”, y el alegato vegano de “Meat is murder” ya hacia el final del concierto. En cuanto a actualidad, la bandera francesa que cubrió la parte trasera del escenario durante “I'm throwing my arms around Paris”, no necesitó explicación alguna.
Hubo algo fundamental en el show de anoche: Morrissey estuvo de un humor excelente. Se lo notó felizmente saludable, en buen estado físico y con esa voz armoniosa que lo caracteriza en excelente estado (a pesar que en la segunda mitad del concierto mostró algún síntoma de ronquera).
Nunca dudó en adelantarse para golpear sus palmas contra los que la extendían hacia él desde abajo del escenario. Liberó de los macizos brazos de un guardia a una chica que se estaba subiendo a abrazarlo durante los primeros temas, y le permitió permanecer a su lado por un ratito. Más tarde haría lo mismo con un chico jovencito, aunque en este caso fue él el que lo buscó entre las decenas de rostros apelmazados. Una de sus camisas fue arrojada hacia la platea para que una decena de manos se la disputen sin concesiones. Y así como otros roqueros eligen congraciarse usando la camiseta de la selección de futbol local, Mozz eligió tararear a capella el clásico estribillo de Leo Garcia que lo invoca, para que lo sintamos como uno de los nuestros.
En cuanto a climas, resultó muy sencillo dejarse llevar por los tonos propuestos por Morrissey: “Everyday is like sunday” sigue transmitiendo buen humor y ese encanto de una calma que puede romperse en cualquier instante. “Istanbul” es otro gran momento de “World is none..”, que ya había tocado aún inédito en GEBA en 2012. “First of the gang to die” fue de los temas más celebrados por el público, “Jack the Ripper” fue oscura y densa, y “Yes, I'm blind” de una intimidad casi condescendiente. Pero si hubo un momento crucial en el show fue la tremenda versión de “How soon is now”, con la banda que terminó envolviendo los oidos en sonidos que su superponían en acoples que fueron cortados como latigazos por los golpes furiosos de un tambor rodeado de luces fluo. A esa altura el show promediaba, pero todos supimos que había alcanzado su cenit.
Para despedirse, Mozz eligió “Let me kiss you”, y yo que venía siguiendo la lógica de los setlist de los últimos tiempos, supe que iba a quedarme sin “This charming man”. Igual se disfrutó, desde ya, y tal vez el único pero a esa altura tuvo que ver con que la melodiosa canción merecía a la garganta del Morrissey de la primera parte de la noche. En seguida, casi que no hubo tiempo para pedirles el regreso, la reina Isabel con un doble fuck you anticipó a “The queen es idead”. Morrissey eligió despedirse de la calle Corrientes con espíritu punk, un espíritu que vamos a necesitar invocar para los tiempos que se vienen.
Salí del teatro en busca de una pizzería y una napolitana aplacó el hambre que a esa hora se hacía notar. Con el cuello inclinado al límite de lo aconsejable, vi como los penales terminaban con la ilusión de Huracán en la Sudamericana, y ya en la calle, autos lujosos hacían sonar sus bocinas celebrando puntuales el fin del mandato de Cristina. Yo cerré mis oidos y a modo de resumen de los último años y la actualidad que asoma, me fui cantando “Oh, I am so sickened now. It was a good lay”




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