
Media hora después de
lo que anunciaba la entrada, en una pantalla adelantada al escenario
comenzó con una proyección de videos, al estilo viejo videobar. Las
imágenes saltaron de los Ramones a New York Dolls, de Tina Turner a
Aznavour, pasando por Anne Sexton leyendo su “Wating to die” y
el “Ding dong, the witch is dead” musicalizando las escenas que
retrataban a la Inglaterra que se despertaba con la noticia de la
muerte de Margaret Thatcher. Luego sí, se elevó la pantalla (un
telón blanco, bastante informal por cierto) y la banda entró al
escenario mientras en la parte baja del teatro la gente se amuchaba
contra el escenario y quebraba el orden de butacas y pasillos.
En un recital de
Morrissey que arranca con “Suedehead” nada puede salir mal. Y así
fue. La banda sonó de entrada ajustadísima y el sonido del teatro
hacía más que disfrutable cada uno de los detalles. Un par de
flores volaron hacia el escenario, pero felizmente la histeria no
abundó. “Alma matters” sirvió casi como carta de presentación:
la entrega absoluta del artista para con su gente, que lo esperaba
ansiosa, después de aquel fallido regreso, cuando la comida peruana
le jugó una mala pasada a su sistema digestivo.
“World peace is none
of your business” era la excusa para el show, sin embargo los dos
años que ya lleva en la calle le permitieron a Mozz armar un setlist
de recorrido amplio, con muchos hits, citas a los Smiths y varios
guiños para fans. Recién con el festejado “Kiss me a lot”,
Morrissey recurrió a su material publicado más reciente.
Si los videos del
comienzo exhibieron con sarcasmo su odio por Margaret Thatcher, el
tema político y social no dejó de estar presente en el resto del
show. Durante “Langlord” se mostraron violentas escenas
represivas, y también hubo referencias a esas temáticas en “World
peace is none you business” (con el tecladista Gustavo Manzur
pasando al frente del escenario y repitiendo el estribillo en
español) y “The world is full of crashing bores”. Y desde ya, su
lucha anti taurina con “The bullfighter dies”, y el alegato
vegano de “Meat is murder” ya hacia el final del concierto. En
cuanto a actualidad, la bandera francesa que cubrió la parte trasera
del escenario durante “I'm throwing my arms around Paris”, no
necesitó explicación alguna.

Nunca dudó en
adelantarse para golpear sus palmas contra los que la extendían
hacia él desde abajo del escenario. Liberó de los macizos brazos de
un guardia a una chica que se estaba subiendo a abrazarlo durante los
primeros temas, y le permitió permanecer a su lado por un ratito.
Más tarde haría lo mismo con un chico jovencito, aunque en este
caso fue él el que lo buscó entre las decenas de rostros
apelmazados. Una de sus camisas fue arrojada hacia la platea para que
una decena de manos se la disputen sin concesiones. Y así como otros
roqueros eligen congraciarse usando la camiseta de la selección de
futbol local, Mozz eligió tararear a capella el clásico estribillo
de Leo Garcia que lo invoca, para que lo sintamos como uno de los
nuestros.
En cuanto a climas,
resultó muy sencillo dejarse llevar por los tonos propuestos por
Morrissey: “Everyday is like sunday” sigue transmitiendo buen
humor y ese encanto de una calma que puede romperse en cualquier
instante. “Istanbul” es otro gran momento de “World is none..”,
que ya había tocado aún inédito en GEBA en 2012. “First of the
gang to die” fue de los temas más celebrados por el público,
“Jack the Ripper” fue oscura y densa, y “Yes, I'm blind” de
una intimidad casi condescendiente. Pero si hubo un momento crucial
en el show fue la tremenda versión de “How soon is now”, con la
banda que terminó envolviendo los oidos en sonidos que su
superponían en acoples que fueron cortados como latigazos por los
golpes furiosos de un tambor rodeado de luces fluo. A esa altura el
show promediaba, pero todos supimos que había alcanzado su cenit.

Salí del teatro en
busca de una pizzería y una napolitana aplacó el hambre que a esa
hora se hacía notar. Con el cuello inclinado al límite de lo
aconsejable, vi como los penales terminaban con la ilusión de
Huracán en la Sudamericana, y ya en la calle, autos lujosos hacían
sonar sus bocinas celebrando puntuales el fin del mandato de
Cristina. Yo cerré mis oidos y a modo de resumen de los último años
y la actualidad que asoma, me fui cantando “Oh, I am so sickened
now. It was a good lay”
No hay comentarios:
Publicar un comentario