lunes, 9 de noviembre de 2015

Pearl Jam en el Estadio Unico de La Plata

Cuarta vez que voy a ver a Pearl Jam, tercera que voy a dejar registro en este blog, y tengo miedo de mirar los post anteriores y notar la manera en que me repito. No, no es que los shows hayan sido un calco ni mucho menos, pero es imposible no poner en primer lugar a la hora de relatar el evento, la increíble conexión que existe entre la banda y su público argentino. A los picos emotivos, a una serie de escenas que son premeditadamente recreadas, y que siguen funcionando como un intercambio de energías entre los músicos y su gente. Público al que no solo me refiero en general,, a sus actitudes y los códigos que se han creado, sino que cada uno de los que estuvimos anoche tenemos un punto de comunión particular con la banda. Incluso la ciudad, que ya los había recibido en el mismo estadio en 2011, y que cuando vinieron en Abril de 2013 a Costanera, se había levantado azotada por una tremenda inundación, tiene mucho para contar acerca de Pearl Jam. En mi caso el recuerdo pasa por aquel cambio de último momento en los shows de 2011, la salida del estadio de Boca para pasar a Ferro, acercándome a la banda a quince cuadras de casa y evitando tener el recuerdo de ese primer encuentro asociado a un espacio tan poco simpático, cuyos highligts tienen que ver con lo deportivo: una vuelta olímpica y la pelota naranja, una vaselina bajo la lluvia y una aparición agónica de un bastardeado zaguero saltando hacia la inmortalidad.
Ayer llegué tempranísimo, casi que tuve que esperar una hora y media con mis Halls strong ($40 el paquete de Oreo en el estadio) a los Capsula, que hacían las veces de banda soporte. Surgidos de Argentina, radicados en España, tocaron con Pearl Jam en Bilbao en 2010, y ahora los invitaron a abrir este show. Garage rock crudo, mucha actitud en el vivo, aplomo, pero desde donde yo estaba (cabecera) el sonido no ayudó. Si bien el estilo no requiere de sutilezas, por momentos a mis oídos llegó apenas una bola de ruido distorsionada que me impide juzgarlos como corresponde.
A esa hora parecía que la convocatoria en el campo iba a ser menor, pero cuando unos cuantos minutos después de las 21hs, la banda empezó el concierto con “Pendulum”, el marco era el esperado, mientras todavía seguía entrando gente. “Lightning bolt” era la única novedad de la banda desde su visita de 2013, pero dado que el álbum ya tiene mucho rodaje, lo de novedoso resultó relativo. Eso sí, el rojo negro y blanco que caracteriza al álbum era lo que resaltaba desde el fondo de un escenario sin grandes pretensiones, aunque con una puesta lumínica más que efectiva.
Recorrer tres horas de concierto, sus climas, sus diferentes grados de emotividad es más fácil vivirlo que contarlo. El show comenzó, como Pearl Jam nos tiene acostumbrados, tranquilo, ganando en intensidad, una especie de llamado a la inevitable comunión. Así fue el comiendo hasta que “Mind your manners” marcó el primer momento al palo. Y “Do the evolution”, por si alguien todavía no se había despabilado.
La banda sonó bien, Mike Mc Cready la rompió (en especial en “Dissident” y “Even flow”), Eddie Vedder cantó igual de bien que siempre, aunque en algunos agudos la voz le jugó alguna mala pasada (en el falsete de “Sirens” específicamente), y el resto fue todo lo contundente que uno puede esperar de la base Cameron-Ament y el aporte insustituible de Stone Gossard. Y no puede olvidar los teclados de Kenneth Gaspar. Cuando apelan a los medios tiempos y a los climas íntimos, conmueven. Cuando se trata de rockear, arrasan.
Hablar del cuerpo del show resulta relativo, porque anoche sonaron 33 temas y apenas 19 compusieron ese tramo. “Gracias por hacernos sentir tan grandes, ahora nuestras vergas están iguales”, chapuceó en español Eddie Vedder en uno de los tramos en los cuales entabló contacto extra musical con el público. A veces las charlas (en especial cuando son en inglés, porque Vedder habla fluido y la gente capta el mensaje igual) resultan de una complicidad entrañable. El vino, en copa primero, de la botella más tarde, suele acompañar esos tramos, como cuando Vedder contó sobre su año difícil, sobre el acierto de traer a su hija a la gira, y verla asombrada por el cariño del público. Obvio, ahí sonó “Daughter”. Y después de la conmovedora “Inmortality”, el show cerró a puro nervio grunge con “Life wasted” y “Rearviewmirror”, y un pico de electricidad y adrenalina como solo Pearl Jam puede alcanzar .
De allí al final el concierto transitó un espiral de épica que ni las luces encendidas del estadio, ni la suave despedida final con “Indifference” pudieron atenuar. Si de entrada “Footsteps” fue un mimo particular para fans (al clásico B Side de "Jeremy" no lo habían tocado en ninguna de las visitas anteriores), lo que siguió fue de igual tenor, mezcla de la sorpresa ante lo imprevisible, y la gratitud común cuando lo predecible tiene tanto de afinidad. A Lennon se lo homenajeó con “Imagine”. A Johnny Ramone con su tema favorito de la banda (“Corduroy”) y con la versón de “I belive in miracles”. “Jeremy” y “Porch” sonaron antes que la banda vuelva a retirarse a tomar un poco de aire (eso si es que después de “Porch” quedaba algo de aire dentro del estadio).
“Leaving home”, “Better man” y (a pedido)”Red mosquito” los devolvieron al escenario participativos. Una chica en primer plano no paraba de llorar emocionada mientras las cámaras no dejaban de tomarla. Eddie destacó el trato para con las chicas en los primeros lugares contra el vallado, citó a la marcha de unos meses atrás y desplegó un letrero con la consigna “Ni una menos”. Lógicamente fue ovacionado. Y todo hasta que con “Black” se revivió el momento más íntimo y cómplice que tiene el público local con la banda. El grupo termina de tocar, la gente sigue coreando y la escena se prolonga con los músicos aplaudiendo a la gente. Nada nuevo, claro, pero Eddie Veder contó de cuánto los sorprendió eso la primera vez que vinieron, y cómo se siguen sorprendiendo al ver que se repite en cada visita.
Llegó “Alive” infaltable, y cuando todos esperábamos el “Rockin`in the free world”, se despacharon con una versión de “Baba O’Riley” que dejó en claro que pocas bandas le hacen tanto honor a los Who como Pearl Jam. Las luces en el estadio ya estaban encendidas por completo desde hacía un rato, y solo el hecho de conocer el tono con el que Pearl Jam elige vestir las despedidas nos mantuvo alertas con la vista al escenario.
Alguna vez Eddie Vedder dijo que “Indifference” trata sobre la impotencia de quien transitó su vida sin dejar huella; de las vidas irrelevantes. Así que la elección de despedida casi que resultó una ironía. Todos los que estuvimos ahí salimos con una nueva marca indeleble en nuestra memoria. Cuarta visita al país, quinto show en Argentina, y las sorpresas, y la intensidad de las emociones siguen tan vigentes como aquel amor a primera vista de 2005. Y, por supuesto, prometieron volver.





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