
Hay una especie de frase
hecha que dice que la música sana y a la que, como con todas las
frases hechas, cuando a uno le cuadran a la perfección, no puede
evitar la tentación de recurrir a ella. Así que un poco de eso se
trató mi noche ayer en el downtown porteño, en el hermoso sótano
Bebop Club, con una copa de vino y una seguidilla de canciones a
cargo de Isabel de Sebastián y su banda, que dieron vuelta una
semana dificil.
La excusa de la noche
era la presentación del video de “En camino”, dirigido por
Adrián Caetano, y que luego de algún problema técnico se empezó
a proyectar justito cuando la focaccia se llegaba a mi mesa. Un video
en tono vintage, con algunas citas melancólicas para teñir a ese
sinuoso, inseguro y perseverante camino entre espejismos. Seguramente
en breve estará en la web, así que no me voy a extender en la
descripción. Simplemente decir que si bien la presentación era la
excusa, la noche terminó siendo una gran noche de música y
evocación. De amores y desamores, de poetas, de los '80, de amigos,
de músicos, de fantasmas que parecen sobrevolar algunos momentos más
intensos como para seguir aferrados a esta tierra. Intimidades y
complicidades.

El show en sí abrió
con el “Skatango” de Roberto Marcelo Delgado. “Dónde va el
amor cuando se va?” pregunta Isabel cantando, y luego en tono
íntimo complementa preguntándose por los temores para cuando el
amor llega. Podría ser un detalle menor, pero no lo es. Porque ese
será el tono del show. Cada canción será acompañada por una
historia. Propia o ajena, íntima o pública, un recuerdo o un estado
de ánimo. Todo el concierto terminará por ser un recorrido íntimo
y a la vez festivo que terminará por crear ese tono evocativo que
cité al comienzo.
Los '80 llegan con
“Tormenta en la Bristol”, pasa Melingo con “Corazón y hueso”,
y el enorme homenaje a Mercedes Sosa con “Aquí”. Los sonidos
latinos (con la impronta rockera del oeste que le aporta la guitara
de David Bensimon) que gobernarán el show, se hacen a un lado para
dar espacio a aires folklóricos que se expanden y exceden en su
tributo a Mercedes Sosa, incluyendo en la cita a Atahualpa Yupanqui.
Después llegan las idas
y vueltas de poetas españoles. Renaceres. Isabel canta “Se
equivocó la paloma”, pero en el arreglo de su hijo David. La
historia es casi mágica: un joven lee a su bisabuelo y decide que el
poema “La paloma” merece tener música sin saber que ya la tenía.
Y la madre del joven canta reinventados los versos de quien fuera la
pareja de su propia abuela. Y de Rafael Alberti, a Federico García
Lorca: “Pequeño vals vienes”. Su poesía que via Enrique Morente
regresa al idioma español luego de ser tamizada por el sello
canadiense de Leonard Cohen. La canción es bella, el vals invita a
hamacarse, y los músicos y la voz de Isabel hacen del momento una
verdadera delicia.

Todo el tramo musical
nos había encantado, pero si hubo algo que cualquiera que haya
estado anoche en Bebop contará en primer lugar, será la irrupción
de Rita Cortese al escenario, para, champagne en mano, leer a
Alejandro Urdapilleta. Los recuerdos de infancia citados con el brío
que impone el licor. De nuevo los '80 pero con un tono atemporal, que
llegan desde una voz que retumba en un sótano porteño. Si las
canciones pudieran opinar, “Sin excusas” (de los chilenos Chico
Trujillo) se hubiera quejado de tener que romper con semejante
momento.
De allí hasta el final,
el concierto mantuvo los tópicos y los climas del comienzo. “En
camino” en este caso fue solo música, con la banda levantando
temperatura con el aquel tema de “Signos” que Isabel de Sebastián
compusiera con Cerati y Alberti. Y Spinetta, que musicalizó “Canción
del angel sin suerte” de Rafael Alberti para el truncado proyecto
Isabel y Los Milagros, y que fue recuperado para el disco de 2013. El
“búscame en el aire” suena tan spinetteano que cuesta vincularlo
con el poeta gaditano.

Para “Te mataría”
nos privamos de tener a Carmen Baliero, que estaba presentando su
musicalización de “Centésimas del alma” de Violeta Parra, a esa
misma hora en Almagro. Y decía al principio que cada tema venía
acompañado por su historia. Pasaron “Heroes anónimos” (acá la
cita es propia, la última vez que la había visto a Isabel de
Sebastián sobre un escenario fue cuando subió a cantarla en los 20
años de Catupecu Machu), y “No me prometas cielos”, otra canción
de Metropoli, que Isabel confiesa que hoy no compondría, y que fue
motivada por las maléficas misas de FAMUS. Los '80 de nuevo, pero en
versión lúgubre. Aunque habría rápida revancha, porque para “La
apuesta” subió al escenario Celsa Mel Gowland para, en una
participación improvisada, recrear el duo de tantas noches de
aquella década.
Para el final quedó un
tema nuevo (al menos para mí), único en ingles y que se trata de
explicarle Buenos Aires a un norteamericano. Después cerraron con
“Cariñito”, la cumbia psicodélica de los peruanos Los hijos del
Sol, con el rapeo intermedio del último invitado: Machito Ponce.

Casi que pedir el
regreso no fue necesario, y la despedida formal fue con el “Por qué
te vas” de Jeanette, que, aunque alejado del espíritu ramonero de
Attaque 77, resultó lo más rockero de la noche. Y si a esa
despedida la llamé formal, fue porque tras unos pocos minutos, la
despedida en concreto fue entre abrazos y besos, con Isabel y sus
músicos entremezclándose en las mesas, y sellando el encuentro con
brindis.
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