No sé si por el fin de semana largo, o porque dos de
los últimos tres posteos que subí al blog coinciden con los artistas que estuve
viendo estos días, pero lo cierto es que estuve a punto de no subir nada, y
guardarme las sensaciones para mí solo. Pero al final la pasé tan bien escuchando
música en vivo estos días, que decidí armar esta crónica a medias, contando un
poco de cada uno de los shows que fui a ver.

Abrieron con “Espiral”, una canción de Eloisa de su
disco “Por un paisaje”, y en general el show se concentró en los temas de “Fotogramas”,
el último trabajo de Audia Valdez, algún anticipo de Martín Rodriguez , y
varios covers. Mucha pista, la guitarra de Martín y un bombo legüero. Al escuchar
las canciones de “Fotogramas” cada vez me gustan más, y confirmo la primera
impresión: se trata de un trabajo para descubrir con cada escucha, para
interpretarlo, disfrutarlo, y al que el tiempo mostrará cada vez más maduro. Los
sonidos son bien adaptados al formato reducido, y aunque hay canciones como “Fotogramas”
que relucen con el mismo brillo que en el original grabado, hay otras que encuentran su propia identidad en los
arreglos de ocasión (“Dos mentes”, “Evolución”).

Anoche volví al Bebop Jazz Club para volver a
escuchar a Marco Sanguinetti. Pero en este caso no se trataba del proyecto
versionando a Radiohead, sino el regreso con su cuarteto y sus propios temas,
en especial del disco “Ocho”, último trabajo producido por Manza Esain. La espera en este caso estuvo amenizada por
unos quesos y la herejía del crudo y la bondiola, acompañados de unos cuántos tragos de la mejor versión de
la sangre de un Cristo, que en modo Houdini on, por esas horas debería estar
cavilando cómo zafarse de las ataduras romanas.

Además de un posesionado Fermín Merlo en batería, y
el aporte de DJ Migma, el cuarteto se completa con el contrabajo de Nicolás
Ojeda. Sonaron temas de “Ocho” (“Claramente”, “Navigator”), “Sucesos” (de “El
otro”-2011), y un par de nuevas composiciones. La primera con un motivo que se
repite y que gana en intensidad con una notable percusión que interpreta a la
perfección el caos contenido que propone la música. La segunda se trató de una
melodía sutil, sentida y con aires de nostalgia. Hubo algo también de
Radiohead, para cerrar cada uno de los dos tramos en los que se dividió el
concierto: primero con “Airbag” y luego “Black star”.

Cuando
salí me di cuenta de que había recorrido las noches del jueves y viernes
santo, a una ciudad que a nivel del suelo estaba atravesada por piquetes en
forma de procesiones, comiendo, bebiendo y escuchando música en terrazas y
sótanos. Sutil manera de transgredir la mía, ja!
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