sábado, 25 de abril de 2015

El Cuarteto de Nos en el Luna Park - Presentación de "Habla tu espejo"

   Por lo general prefiero ver a El Cuarteto de Nos en vivo a la hora de la presentación de sus discos, y siempre lo hago con las canciones con varias escuchas en su haber. Pero en este caso en particular el interés era doble. Después de la trilogía “Raro”, “Bipolar” y “Porfiado”, la banda uruguaya se despachó con disco de quiebre extraordinario. Con los mismos argumentos musicales de siempre e idénticas fórmulas a la hora del entramado de palabras, pero con una mirada personal, en donde la ironía, el inconformismo y la inmadurez dan lugar a devaneos existenciales, cuestionamientos filosóficos y un repaso por las incertidumbres de la adultez, como el paso del tiempo, hijos, padres, la memoria y la trascendencia. Y si bien “Habla tu espejo” no es estrictamente lo que se se suele calificar como un disco conceptual, tiene una ilación y una lógica en el orden de aparición de las canciones, que me llevó a imaginar (erróneamente, como no tardaría en descubrir) que la presentación se haría de un tirón, respetando el armado del álbum.
   En un Luna Park casi colmado (estimo que se trató de su show más convocante en Argentina), poco más de diez minutos después de lo pactado, abrieron con “El aprendiz”, tal vez la canción nueva que mejor linkea con la trilogía que los volvió masivos. Pero no solo eso fue lo que me llevó al pasado. A principios de siglo, y cuando aún no cruzaban con asiduidad las fronteras del Uruguay, El Cuarteto de Nos tenía una canción sarcástica para con el death metal llamada “Mamá, el bajista me está pegando”. Y durante buena parte del primer tramo del show me sentí maltratado por una mezcla que dejó al bajo demasiado al frente y con un grado de saturación que por momentos impedía comprender lo que cantaba Roberto Musso. A mi alrededor las caras de espanto fueron varias, mientras que en el campo la gente celebraba y cantaba a viva voz sin rastro alguno de semejante incordio. Tal vez no haya sucedido esto en todos los sectores del estadio, pero con la tecnología sonora con la que se cuenta hoy en día cuesta creer semejante desatino, que fue una enorme mancha en el show.
   “Ya no sé qué hacer conmigo” y “El hijo de Hernandez” confirmaron que la presentación del disco no sería lineal, y el inconformismo primero, y la definición por oposición luego, levantaron a la gente que se sabe las letras de memoria. Santiago Tavella y su“ Enamorado tuyo” cerraron ese primer tramo de la presentación. Varias pantallas detrás y por sobre la banda emitían imágenes fugaces, coloridas, por momentos geométricas, que en consonancia con flashes por decenas, conformaron la puesta de un grupo que no suele exagerar a la hora de la escenografía.
   El tema que le da nombre al disco tiene un estribillo pegadizo y concentra el espíritu del trabajo: un auto reconocimiento impiadoso, sin concesiones. “Cómo pasa el tiempo” se introduce en la filosofía de interpretar el concepto de tiempo, que se resuelve en un “Carpe diem” imperativo. En medio de ellos varios pasajes anteriores que se acoplan perfecto a las nuevas canciones. Roberto Musso escribe por lo general en primera persona, y aunque uno sabe que eso no necesariamente convierte en una confesión de por sí a cada canción, facilita que “Asi soy yo”, “Breve descripción de mi persona” o “Cuando sea grande” resulten creíbles y hasta lógicas en el contexto del proceso de reflexión personal de “Habla tu espejo”.
   “Whisky en Uruguay” es una reinvención del “Whiskey in the jar” irlandés, que yo conocí por Thin Lizzy, otros por Metállica, y que tiene infinidad de versiones. Ya habían hecho algo parecido tiempo atrás con el “Mr. Postman” beatle devenido en el propio “Bo, cartero”. En el disco esta canción tiene una función primordial: descomprimir la angustia que deja “21 de Septiembre”, canción que en el show terminó sucediéndola. Roberto Musso canta sobre el Alzheimer de su madre de una manera desgarradora, sobre una melodía bellísima y con unos hallazgos poéticos que estremecen. Es imposible no terminar con los ojos enrojecidos con esa historia en la cual un primer beso como recurrente recuerdo resulta el único anclaje de un ser evadido de la persona que fue algún día. La fecha con tono primaveral no es casual: es también el día que el mundo dedica a concientizar sobre la enfermedad. Cuesta no quebrarse al oirla, y es admirable la entereza de Roberto al cantarla.
   “No llora” es otro de los puntos cruciales del disco. La paternidad y la inquietud sobre la fortaleza de una hija que alguna vez tendrá que vivir en el mundo sin la protección paterna. La mirada condescendiente, la construcción de un futuro imaginario para el devenir de una niña que aprende a dar sus primeros pasos y a transitar las primeras adversidades, son las vacilaciones que expone la canción que transmite alta dosis de emotividad. Antes había sonado “Algo mejor que hacer” y luego siguió “Pobre papá” en donde un Santiago Tavella, con su tupida barba entrecana y su puño izquierdo levantado resulta un Carlos Marx, pero cuyo manifiesto es una apología a la fiaca digna de Roberto Arlt.
   A la hora de definir hits, ese sitio en “Habla tu espejo” le corresponde a “Roberto”. Dentro del álbum es el momento en el que aflora la conciencia. Base hip hop típica del Cuarteto , un compilados de consejos para atravesar desventuras y contratiempos, y una sentencia: el día que no escuches estas voces es que vas a estar muerto. Desde allí el final se encadenó con la eufórica “Miguel gritar”, y ese divague surrealista y pop que es “Yendo a la casa de Damian”.
   Mientras esperábamos el regreso al escenario, me quedé pensando en que tres canciones del disco habían quedado afuera, y que posiblemente (ahí sí acerté) no sonarían en los mal llamados bises. “De hielo” (en donde el amor trastoca a un personaje destemplado a fuerza de desvelos y desengaños), la prepotencia optimista de “Caminamos”, y “Un problema menos”, el casi resignado cierre del disco, en donde el personaje inconformista y provocador, asume que en el mundo que lo trascienda apenas se lo recordará como un escollo salvado. Esas ausencias en medio de un disco de un recorrido metódicamente estructurado, a mi juicio hicieron que el show resultara trunco en tanto presentación.
   Desde ya que de ninguna manera esas elucubraciones que empezaba a crear mi mente y que concreté en el párrafo anterior hicieron que deje de disfrutar lo que siguió. De “Porfiado” llegó “Todos pasan por mi rancho”, luego “Me amo” y como la venganza es un plato que se sirve frio, para último momento quedó “Benito”. Aunque la despedida definitiva fue con la suma de desgracias del “Invierno del 92” y la hija de Musso saltando y bailando por delante de la batería.
   Me fui feliz, volviendo a cantar para mis adentros varias de las canciones, pero con una íntima sensación de que el show resultó algo modesto en función de las posibilidades que permite un trabajo brillante como “Habla tu espejo”. Aunque tal vez la culpa sea de mis pretenciosas expectativas de adulto, y a mí también me corresponda un profundo reconocimiento frente a un espejo, antes de seguir juzgando a los demás. Qui lo sá. 





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