sábado, 7 de diciembre de 2013

Amparo Sanchez en Niceto

La música tiene el poder maravilloso de cubrir con su propias características a quien decida someterse a ella y dejarse llevar. Y cada estilo, cada sonido y cada ritmo encuentra la manera de filtrarse en los poros y transformar al público cuando se somete a ellos. El jueves por la noche yo había visto al trío de Adrian Belew, y el poderío del grupo me había literalmente avasallado y me había dejado con los pies en el aire. Y anoche, después de la fiesta que armó Amparo Sanchez, salí de Niceto con los pies devueltos al suelo. Suelo que a decir verdad, no es solo el piso, sino también tierra, raíces y esencia. Porque hay que decir que aunque Niceto sea una especie de cajón cerrado con escasa (o nula) ventilación, la música hizo que quienes nos acercamos hasta el boliche de Palermo hayamos sentido la brisa y la libertad de una fiesta al aire libre.
Habían pasado pocos minutos de las nueve y media, y cuando todavía éramos unos pocos en el recinto, Jairo Zavala (ex La Vacazul) ingresó al escenario para amenizar la espera con algunas canciones de su proyecto solista Depedro. Sólo con su guitarra se centró en su disco “La increíble historia de un hombre bueno”, que grabara en 2008 con los Calexico, amigos en común con Amparo. Con mucha simpatía y a sabiendas de que el público no lo conocía, llamó a participar a la gente, se comunicó con humor, e hizo algunas buenas canciones como “Hombre bueno” y “El pescador” (todas en ese estilo latino marcado a fuego por los hermanos Auseron y Quique Sierra desde que grabaran “La canción de Juan Perro” en los '80). Se mostró como buen guitarrista y eso suplió la ausencia de banda de acompañamiento. El set tuvo como perla la presencia de Amparo Sanchez, vestida casi de entre casa todavía, para compartir una bella versión de “La llorona”.
Soy el poder dentro de mí. Soy el amor del sol y la sierra. Soy gran espíritu y soy eterna, mi vida está llena de amor y alegría ” dice Abuela Margarita, la chamana heredera de los chichimecas, inspirando desde la introduccción al disco “Alma de cantaora”. Y es su voz repitiendo esas palabras la que se escucha como bienvenida mientras Juan Sans (piano y acordeón), Juampi Noriega (guitarra), Emilio Farias (contrabajo) y Luciano Maro (batería), los chicos argentinos que formaron la banda de acompañamiento para esta gira de la española por las pampas, se acomodaban en el escenario. Y mientras Juan Sans le otorgaba “oficialmente” la doble nacionalidad española y cordobesa, Amparo Sanchez entró al escenario mientras los músicos se acoplaban a la grabación y el vivo empezaba a concretarse. Entonces sí dieron comienzo al show con dos temas de la etapa solista de Amparo: “La flor de la palabra” (de “Alma de Cantaora”) y “Hoja en blanco” (de “Tucson-Habana”).
Dije al principio que la española había armado una fiesta, y fue justamente “La fiesta”, del disco “Somos viento”, el primer tema de Amparanoia que se escuchó en la noche. Bien, acá hago un parate, porque antes de seguir tengo que contar algo que tiene que ver con mis expectativas. La etapa solista de Amparo Sanchez la había alejado sutilmente del sonido de su banda. Los tópicos siempre fueron los mismos, la reivindicación feminista, la libertad, la hierba, la ecología y los legados ancestrales. Pero el sonido, en especial el de “Tucson-Habana” que grabara con los Calexico estaba impregnado del clima desértico de Arizona. La instrumentación delicada, las trompetas lejanas y otros elementos que ni bien comenzó el show, supe que no iban a estar presentes. La Amparo Sanchez más “cantaora” y menos declamativa que había asomado en ese disco quedaba a un lado al presentar una banda que, aún siendo menos numerosa, remitía al sonido y espíritu de Amparanoia. Y hago esta aclaración porque no se trata de un reproche ni mucho menos, pero sí confieso que tenía ganas de ver a una versión sutil de Amparo Sanchez que solo apareció por momentos. Quedará para otra oportunidad.
Para el concierto se había anticipado una larga lista de invitados, que se inauguró con la cubana Yusa. Sus magníficas dotes de guitarrista le impusieron un clima aún más caribeño a “Pulpa de tamarindo” que nos dejó a todos subyugados. Simpática y talentosa, la cubana nos ganó el corazón y dejó a todos con ganas de más. Luego fue el turno de GasparOm de Los Umbanda que acompañó a la banda en “Somos viento”. “No estamos de paso, no somos fracaso”, una de las consignas más fieles al espíritu de Amparanoia se hizo presente para anticipar a Mara Santucho, la cordobesa voz de Los Cocineros a la que le tocó el nada sencillo papel de reemplazar a Mane Ferret en “Vieja pasión”.
A esa altura la gente bailaba cada tema, y respondía (primero con sutileza, y recién ante la arenga repetida, con fervor) a los pedidos de Amparo y los suyos, a seguir coros y estribillos. En “Corazón de la realidad” fue inevitable la cita a Chiapas, y el reggae volvió con “El destino”, del lejano “Feria furiosa” de 2001. Entonces Amparo Sanchez anunció una serie de buenas noticias en continuado, que comenzaron con el anuncio de que va a telonear a Manu Chao en Ferro el 14 de este mes, y que continuaron cuando contó que un tema nuevo, “El último cuarteto en París”, había sido grabado por la Mona Gimenez. Haciendo uso y abuso de su fáctica nacionalidad cordobesa, Amparo Sanchez nos mostró la canción y después invitó al escenario a Ariel “bicho” Galeano, la voz de La Cartelera, banda de ska también cordobesa, junto a quien hicieron “La cuenta atrás”, una optimista canción al planeta, que anuncia la extinción de la ambición exagerada del ser humano, y que entre las proyecciones y algún grito de la gente, sumó consignas contra Monsanto y contra la minería a cielo abierto. Por último, cerrando el círculo iniciado por las palabras de Abuela Margarita, “Alma de cantaora” clausuró el primer tramo del show.
Conociendo a Amparo Sanchez (quienes presenciamos la histórica despedida de Amparanoia en La Trastienda podemos dar cuenta de ello), y considerando el espíritu del show, el regreso al escenario iba a sumar un nuevo tramo prolongado al show. Pero no se trató solo de eso, sino que además en ese cierre se vio lo mejor, musicalmente hablando, del concierto. Junto a Jairo Zavala hicieron “Don't leave me now”, un tema compuesto en conjunto, y que grabara Depedro junto a Calexico. Allí vimos la mejor versión de Amparo como cantante, luciendo sus dotes vocales y su expresividad al máximo. Luego al duo se sumó Malena D'alessio de Actitud Maria Marta, y mientras Jairo deleitaba con un suave slide, Malena descargó su verborragia al cierre de “Mi suerte”, elevando la temperatura de Niceto hasta lo imposible. El último invitado fue Chimango, rumbero callejero catalán junto a quien hicieron esa alabanza a la nocturnidad que resulta “En la noche” de “El poder de Machin”, primer disco de Amparanoia. Se mezclaron los idiomas, los continentes, y bajo el ritmo de la rumba, la noche se consumó celebrándose a sí misma en lo que apenas sería un anticipo de un after party interminable.
En una fiesta con semejante cantidad de invitados, no había manera de no terminar con todos subidos arriba del escenario. Encima faltaba una invitada que quedó para el final: Vivi Pozzebon, que sumó voz y percusión. Así que la despedida definitiva fue un colosal despliegue de emoción y alegría de un grupo de amigos, que entre algunos breves lucimientos individuales, ofrecieron una interminable versión de “La parrandita de las santas”, con los músicos prestándose los micrófonos y festejándose a sí mismos en una comunión absoluta.
Después del viernes y el doblete de shows, mi cuerpo pedía comida y colchón. Así que lo que haya sucedido puertas adentro una vez que se cerró el telón que se los cuente otro. El año se termina, pero a mí (y por lo tanto a este blog) le queda un nuevo hito musical para cerrarlo. El jueves 12 debuta en Buenos Aires un tal Stevie Wonder.


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