viernes, 22 de noviembre de 2013

Hamacas al Rio y Un día perfecto para el Pez Banana en Ultra Bar

Antes de contar sobre el hermoso show de Hamacas al Rio anoche en el no menos bello Ultra Bar, tengo que confesar que si yo me guiaba por mis energías disponibles a las siete de la tarde, lo último que debería haber hecho era salir el jueves a la noche. O en todo caso ir a ver a alguna banda tipo Metal Church que me despierte a guitarrazos. Pero recordé al poeta Almafuerte que decía que no te des por vencido ni aún vencido, y ese empujón a la confianza que de pronto se me vino a la cabeza, me movilizó hacia el downtown (???) porteño. Hubo además dos cosas más que me activaron. Primero el hambre. Porque no había almorzado, en casa no había nada para cenar y en Ultra hacen una pizza individual de cuatro quesos de esas que te dejan los dedos todos llenos de aceite, que está buenísima. Y en segundo lugar, y principalmente, porque tenía muchísimas ganas de ver a Hamacas al Rio tocando en vivo.
Los que siguen este blog saben de mi debilidad por la banda, pero entre el parate/licencia de embarazo de Laura Ciuffo, y mi abultada agenda (??), no había vuelto a verlos después de su regreso. Así que tratándose del último show del año casi que era una obligación, al menos para mí. Y tengo que decir, aunque las conclusiones deben ir al final, que el reencuentro no hizo más que renovar cada uno de los motivos por los cuales yo me acerqué a su música.
De por sí, tratándose de un concierto breve y sin pretexto prefijado (como podría ser la presentación de un disco, por ejemplo), la selección de temas tenía mucho que ver en el impacto del set. Y Hamacas al Rio elegió abordar toda su discografía sin complejos, pero haciendo especial hincapié en los dos extremos de su trayectoria: el último disco “Al final el parque” (2010), y el debut homónimo de 2005, un trabajo cuyas muchas de sus canciones venían redescubriendo desde un tiempo atrás
Abrieron entonces con “Calmas”, y siguieron con “Andar” de “Mitad de Junio”. De entrada noté que a diferencia de otros shows la guitarra estuvo más emparejada con los teclados en la mezcla, y el sonido envolvente que los caracteriza ganó en “ruido” (en el mejor sentido de la palabra), especialmente en los tramos más intensos. Grandes novedades de arreglos no esperaba y tampoco las hubo. Pero el imprevisible recorrido que fueron trazando a traves de su propia historia hizo del viaje un llevadero y acogedor devenir para mis oídos.
“Sin decir” sigue teniendo el pulso de hit que el hermético mundo de las radios mainstream se pierde. “El tiempo” trasmite en clave íntima la impotencia ante lo inasible, y “Un pequeño relato” me sorprendió diciéndome hacia mis adentros: “che, pero qué bien que canta Laura!”, como si fuera la primera vez que la escuchaba, en una especie de inusual experiencia de extrañamiento. En “Irreal”, Hamacas al Rio sonó ameno y transparente, y recuperaron la clave intimista con “En mi”, del primer disco.
Tal vez lo mejor de la noche haya estado en la interpretación de “En el aire”, un tema al cual cuando salió “Al final el parque” no le otorgué la importancia que merecía. Tal vez por lo prioritario que me resultaba abocarme a las canciones menos usuales en su estilo, y esta me remitía inmediatamente a “Mitad de junio”. Pero anoche en vivo la redescubrí en su esplendor con una gran versión del tema. Después tocaron “Suerte” y cerraron con un excelente estreno, con final in crescendo de altísima intensidad que abre las mejores expectativas para lo que, uno espera, llegará a futuro.
Dije de entrada que se trató de un show breve y mientras Hamacas al Rio se despedía, yo pedía la segunda copa de vino, y llegaba rápidamente a la conclusión que en la calidez que me había cubierto el ánimo a esa hora, tal vez estaba la mejor prueba de la contundencia del show de anoche de Hamacas al Rio en el Ultra.
La noche no terminaba allí, sino que incluía una segunda propuesta musical, a cargo de Un Día Perfecto para el Pez Banana; la banda cordobesa que anda por Buenos Aires para grabar sus nuevas canciones, y de la cual yo tenía apenas referencias lejanas. Su disco “Suena” fue producido por Manza Esain (presente en la sala) y en ellos descubrí un pop/rock de guitarras, que en sus momentos de mayor experimentación y cuelgue de medidas pretensiones psicodélicas, es en donde ganan en eficacia. Eso sí, tienen una pequeña cantante llamada Lucila Escalante, que a pesar de que su voz me sonó algo monótona y chillona por momentos, por presencia y actitud, se nota que nació para estar sobre un escenario. Muchos de sus movimientos me hicieron acordar de Gwen Stefani, pero adelanto que mi cerebro es demasiado generoso a la hora de crear ese tipo de imágenes. Voy a escucharlos más tranquilo y después les cuento con mayor autoridad. Porque además de los méritos que les descubrí, tienen un nombre hermoso, que a decir verdad, exige un sacrificio enorme en términos de espacio para los más leales fans que quieran tatuárselo. Aunque si de tatuajes hablamos, con los antebrazos tatuados que vimos esta semana en los medios, cualquier cosa parece posible.











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