Antes de empezar, anticipo que se
vienen días movidos en este blog. La sucesión de conciertos de fin de año ha
comenzado y, sin anticipos, los shows son muchos y bien variados. La idea
original de hoy era contarles la primera fecha del Pepsi Music, de la cual me
interesaba ver (especialmente) a Garbage y The Gossip. Los que me siguen por
Facebook han leído mi frustración ante la organización de ese evento, la
empresa fantasma que vende sus tickets, los horarios recortados de boletería y
todos los etcéteras que me llevaron a desistir de ese festival. Como frutilla
del postre la deserción de Kasabian, su posterior reprogramación y la
cancelación definitiva, no hizo otra cosa que dejar al descubierto la
desorganización extrema de una gente que poco sabe de gaseosas, mucho menos de
música. Y justito me vino este concierto de Feist en el Opera para la misma
fecha, al que debido a la (por ahora) imposibilidad de disociación molecular,
creí que iba a perderme.

Si el clima letárgico de Juana
Molina provoca reminiscencias de sueños y recuerdos que van y vuelven en
secuencias uniformes, lo de Feist funciona como un despertar; el regreso al
estado de consciencia, las nociones y vivencias encarnadas en cada canción. El
ser, sus angustias y goces, y la naturaleza como paisaje sanador para una mente
perturbada. “Shadows of
the mountain, don't tell them what's in store. The height and the breadth, is
it wrong to want more?” se pregunta la canadiense en “The undiscovered first”, tema elegido para abrir
el concierto. Y en seguida nomás se despacha con una
furiosa versión de “A commotion”, que produce exactamente lo que el título
promete.
“Metals”, el último trabajo de Feist
ya tiene en la calle casi un año, y un par de semanas atrás fue galardonado con
el prestigioso Polaris Music Prize en Canadá, como mejor disco de 2011. Y en lo
que a la carrera de Feist se refiere, es un disco maduro, sombrío, repleto de
matices que al pop que le conocemos, agregó aires jazzeros y mucho blues. Es un
trabajo variado, explorador de soledades, por momentos paisajista, que en su
amplia pretensión no pierde coherencia en ningún pasaje. Y que puesto a prueba
sobre un escenario no hace más que engrandecerse. Las canciones ganan en
intensidad, los climas in crescendo consiguen que cada canción sea un viaje en
sí mismo. La instrumentación es por momentos espasmódica, y los instrumentos que
funcionan todos como percusión, otorgan
a temas como “Bittersweet melodies” o “Graveyard” un halo de ritual místico
fascinante.
La virtualidad había mostrado a una
Feist jocosa y divertida desde su página en Facebook durante toda la tarde, y
eso se trasladó al escenario. Permanentemente bromeó con sus músicos,
especialmente con las “Mountain man”, el trío de voces femeninas que desde los
coros construyen gran parte del sello del sonido de la banda. Leslie es feliz
tocando y se nota en cada detalle, como cuando acompaña con su pierna derecha
el pulso de cada golpe de tambor, o cuando aprovecha una deficiencia técnica
para improvisar a capella una canción al respecto. Se compromete emocionalmente
con cada letra. Su voz es dueña de innumerables matices, y ella le saca
provecho en cada versión, como en el blues “Anti Pionner”, en donde consigue
deslumbrar. Pero lo que más me sorprendió fue su manera rústica de tocar la
guitarra, rasgando las cuerdas como su compatriota Neil Young. Tanto con la guitarra electroacústica como con la
eléctrica, su sonido me remitió todo el tiempo al maestro de Toronto.
Si bien el setlist se hizo fuerte en
“Metals”, las canciones más festejadas y que encontraron mayor participación
del público (a veces hasta de pie) fueron los clásicos como “Mushaboom” (de
“Let it die – 2004) , y “My moon, my
man” y “I feet it all”, esta último devenida en punk, llegados desde “The
reminder”. “Cicadas & gulls” recrea un paisaje que resulta una brisa fresca
de aire marino, “The limit to your love” pone al público a cargo de los coros,
y “The bad in each other” construye el
momento, musicalmente hablando, culminante del show. Un show que cierra a pura emotividad con
“Confort me” y “Caught a long wind”
Para los bises, Feist invitó a Juana
Molina, y entre todos hicieron una sorprendente, inesperada y logradísima
versión de “Whole lotta love” de Led Zeppelin. Después volvió a sus discos
pasados, e hizo “Sea lion” y finalmente cerró con una “Let it die” con la que
nos tiró todo su escepticismo y desamor por la cabeza: “ The tragedy starts
from the very first spark, losing your mind for the sake of your heart. The saddest part of a broken heart,
is not the ending so much as the start”. Ya con la
gente abandonando el teatro, Feist nos hizo correr a varios por las escaleras
cuando volvió para despedirse sola con su guitarra con una versión de
“Intuition”, que nos llevamos a modo de regalo.
Todavía no leí repercusiones acerca
de lo sucedido en Costanera con Garbage, The Gossip, Best Coast y el resto,
seguro mi impaciencia me hizo perder de algo grande. Pero de lo que a esta hora
estoy seguro, es que de lo obtenido a cambio no me voy a arrepentir jamás. La
sucesión de conciertos que se viene no pudo tener mejor inicio.
1 comentario:
En su momento me gustó mucho "The reminder", pero no llegué a verla en vivo.
Qué bueno que haya ido con toda la banda y que, a pesar de la festivalitis, haya ido una buena cantidad de gente.
Respecto a la humildad de algunos músicos (que -creo- no es casualidad que vengan de un palo parecido): hace un par de años, cuando fui a ver a Elbow, tenían como soporte a Jesca Hoop (http://www.jescahoop.com/ > vale la pena chusmear un poco). En medio de su set, subió como si nada Guy Garvey para hacer un dueto con ella y, cuando terminaron, se paró a su lado para aplaudirla.
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