viernes, 19 de octubre de 2012

Feist en el Teatro Opera


            Antes de empezar, anticipo que se vienen días movidos en este blog. La sucesión de conciertos de fin de año ha comenzado y, sin anticipos, los shows son muchos y bien variados. La idea original de hoy era contarles la primera fecha del Pepsi Music, de la cual me interesaba ver (especialmente) a Garbage y The Gossip. Los que me siguen por Facebook han leído mi frustración ante la organización de ese evento, la empresa fantasma que vende sus tickets, los horarios recortados de boletería y todos los etcéteras que me llevaron a desistir de ese festival. Como frutilla del postre la deserción de Kasabian, su posterior reprogramación y la cancelación definitiva, no hizo otra cosa que dejar al descubierto la desorganización extrema de una gente que poco sabe de gaseosas, mucho menos de música. Y justito me vino este concierto de Feist en el Opera para la misma fecha, al que debido a la (por ahora) imposibilidad de disociación molecular, creí que iba a perderme.
            Las promociones de última hora y la disponibilidad en boletería hacían suponer que el teatro iba a mostrar muchos lugares vacíos, cosa que no ocurrió. De hecho yo, que accedí aprovechando una promoción, no saqué una entrada más cara especulando con adelantarme a las ubicaciones que imaginaba vacías. E incluso cuando Juana Molina inició su set, el Opera ya lucía de buena manera. Bien, nombré a Juana Molina y lo primero que tengo que contar es que la misma Leslie Feist tuvo la delicadeza de ser la encargada de presentarla. No solo eso, la llenó de elogios y se declaró fan absoluta (más adelante, ya durante su show, confesaría que llegó por primera vez a la Argentina porque quería tocar con ella). Juana subió con su bajista Mariano Dominguez e hicieron un set de algo más de media hora centrado en “Un día”, su disco de 2008, último hasta la fecha. Loops y más loops entre los cuales se cuelan melodías que cuando ostentan un aire bagualero, como “Un día” y “Vive solo”, consiguen un efecto delicioso. Hicieron también “Lo dejamos”, y cuando canta cosas como “Elena viene anunciando vientos muy frescos o un vendaval”, (“Elena”, del disco “Son” - 2006) Juana presenta una dualidad que está implícita en varias de sus letras. Cerró con “Quién?”, una culposa confesión de madre angustiada, del álbum “Segundo”. Juana Molina sabe muy bien extraer belleza de una repetición, en apariencia monótona, que en sus sucesivas capas encuentra complejidad sin perder un ápice de frescura.
            Si el clima letárgico de Juana Molina provoca reminiscencias de sueños y recuerdos que van y vuelven en secuencias uniformes, lo de Feist funciona como un despertar; el regreso al estado de consciencia, las nociones y vivencias encarnadas en cada canción. El ser, sus angustias y goces, y la naturaleza como paisaje sanador para una mente perturbada. “Shadows of the mountain, don't tell them what's in store. The height and the breadth, is it wrong to want more?” se pregunta la canadiense en “The  undiscovered first”, tema elegido para abrir el concierto. Y en seguida nomás se despacha con una furiosa versión de “A commotion”, que produce exactamente lo que el título promete.
            “Metals”, el último trabajo de Feist ya tiene en la calle casi un año, y un par de semanas atrás fue galardonado con el prestigioso Polaris Music Prize en Canadá, como mejor disco de 2011. Y en lo que a la carrera de Feist se refiere, es un disco maduro, sombrío, repleto de matices que al pop que le conocemos, agregó aires jazzeros y mucho blues. Es un trabajo variado, explorador de soledades, por momentos paisajista, que en su amplia pretensión no pierde coherencia en ningún pasaje. Y que puesto a prueba sobre un escenario no hace más que engrandecerse. Las canciones ganan en intensidad, los climas in crescendo consiguen que cada canción sea un viaje en sí mismo. La instrumentación es por momentos espasmódica, y los instrumentos que funcionan todos como  percusión, otorgan a temas como “Bittersweet melodies” o “Graveyard” un halo de ritual místico fascinante.
            La virtualidad había mostrado a una Feist jocosa y divertida desde su página en Facebook durante toda la tarde, y eso se trasladó al escenario. Permanentemente bromeó con sus músicos, especialmente con las “Mountain man”, el trío de voces femeninas que desde los coros construyen gran parte del sello del sonido de la banda. Leslie es feliz tocando y se nota en cada detalle, como cuando acompaña con su pierna derecha el pulso de cada golpe de tambor, o cuando aprovecha una deficiencia técnica para improvisar a capella una canción al respecto. Se compromete emocionalmente con cada letra. Su voz es dueña de innumerables matices, y ella le saca provecho en cada versión, como en el blues “Anti Pionner”, en donde consigue deslumbrar. Pero lo que más me sorprendió fue su manera rústica de tocar la guitarra, rasgando las cuerdas como su compatriota Neil Young. Tanto  con la guitarra electroacústica como con la eléctrica, su sonido me remitió todo el tiempo al maestro de Toronto.
            Si bien el setlist se hizo fuerte en “Metals”, las canciones más festejadas y que encontraron mayor participación del público (a veces hasta de pie) fueron los clásicos como “Mushaboom” (de “Let it die – 2004) , y  “My moon, my man” y “I feet it all”, esta último devenida en punk, llegados desde “The reminder”. “Cicadas & gulls” recrea un paisaje que resulta una brisa fresca de aire marino, “The limit to your love” pone al público a cargo de los coros, y “The bad in each other”  construye el momento, musicalmente hablando, culminante del show.  Un show que cierra a pura emotividad con “Confort me” y “Caught a long wind”
            Para los bises, Feist invitó a Juana Molina, y entre todos hicieron una sorprendente, inesperada y logradísima versión de “Whole lotta love” de Led Zeppelin. Después volvió a sus discos pasados, e hizo “Sea lion” y finalmente cerró con una “Let it die” con la que nos tiró todo su escepticismo y desamor por la cabeza: “ The tragedy starts from the very first spark, losing your mind for the sake of your heart. The saddest part of a broken heart, is not the ending so much as the start”. Ya con la gente abandonando el teatro, Feist nos hizo correr a varios por las escaleras cuando volvió para despedirse sola con su guitarra con una versión de “Intuition”, que nos llevamos a modo de regalo.
            Todavía no leí repercusiones acerca de lo sucedido en Costanera con Garbage, The Gossip, Best Coast y el resto, seguro mi impaciencia me hizo perder de algo grande. Pero de lo que a esta hora estoy seguro, es que de lo obtenido a cambio no me voy a arrepentir jamás. La sucesión de conciertos que se viene no pudo tener mejor inicio.
           













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