jueves, 24 de mayo de 2012

Happy Mondays en el Anfiteatro de Puerto Madero


Si el nombre Happy Monday es una respuesta al Blue Monday de New Order, el día que que les tocó a los de Manchester para presentarse en Puerto Madero bien pudo haber sido un sarcasmo climático para que el miércoles parezca lunes. Buenos Aires en su expresión más agotadora: gris, una humedad insportable, un clima templado que amagaba a enfriarse de un momento a otro, un aire pesado e irrespirable y por si hiciera falta esa bruma pegajosa capaz de convertir el inminente fin de semana largo en tres días de reposo absoluto. A pesar de todo no estaba para perdérselo; lo gratuito por estos días suma y mucho, y además la posibilidad de ver a Happy Mondays con su formación original no era para desperdiciar. Eso sí, tampoco era para clavarse toda la previa abajo de la llovizna, por lo que no tuve el placer de conocer a los “We have band”, aunque tanta precaución hizo que me perdiera la primera parte del set de Wild Beasts. Temas más bien ambientales, hipnóticos, en donde las pocas melodías se sostienen en la voz teatral de su cantante Hayden Thorpe y su falsete, que resulta el sello de la banda. Más que interesantes, muy bien recibidos por la gente, terminaron por ser una apertura ideal.
Mientras acomodaban el escenario y Movistar se empeñaba en recordarnos que estábamos ahí gracias a su bondad y desinterés, uno de los plomos gritó “Manchester!” y puso “She bang the drums” para levantar el clima, pero al minuto le cerraron el sonido y sus intentos de ganar el corazón de la gente (???) quedaron en la nada. Unos pocos meses antes vi en el mismo lugar a los Inspiral Carpets, con lo cual podría decirse que el sello del sonido Manchester no era ajeno al anfiteatro. Como todo evento gratuito, si hubo algo que caracterizó al público fue el ecleticismo, pero el hecho que haya visto pasar a tres personas que me remitieron a Wil Weathon, puede acercar una idea de la fauna del lugar. Después puntualmente Bez haría su aparición sobre el escenario para presentarnos a la banda, que arrancó el set con un dueto irresistible: “Loose fit” y “King afro”. Shaun Ryder es un grande de esos de los que uno se la pasa lamentando cómo han desaprovechado su genio. Verlo allí parado, gordito y poco expresivo, limtando todo movimiento a tomar el agua que sostiene con su mano izquierda (y fumar a veces), al principio me produjo cierta indulgencia; pero su voz inconfundible y en buen estado, más una banda que sonó impecable, transformaron esa sensación en una anécdota. Rowetta sostenía una especie de látigos bondage de varias puntas, pero con los que jugaba ingenuamente como porrista. La guitarra de Mark Day empezaba a tomar temperatura y las cabecitas de todos se iban moviendo al ritmo que proponían los británicos.
Bastante menos gente que en otros eventos de la compañía de celulares en el mismo espacio. No sé si fue por el clima o si repartieron menos entradas, pero si lo comparo con la noche de, por ejemplo, Janes Addiction, el espacio libre era inocultable. Shaun Ryder se empecinó en saludar en español al público, con una pronunciación deplorable a pesar del “machete” que lo acompañaba. “Ustedes son un público incredible”, dijo cuando aún no terminábamos de reconocernos (su último paso por el país fue en Diciembre de 2007). Por otra parte su fanatismo por el United evitó referencias futboleras en general y a Kun Agüero en particular. Al paso de las canciones, que por lógica tuvieron el primer gran momento con “24 hour party people”, la banda fue ganando en contundencia. El sonido fue impecable e implacable, gran mérito de la organización. Y seguido a ese hit, cuando adoptaron su sonido más “clubber” (tramo que tuvo su pico en “Hallelujah”), directamente arrasaron.
Factory Records no existe más, y sus fundadores y promotores fueron exterminados por sobredosis, golpizas, cánceres y miterios. El ataúd de Tony Wilson lleva el 501 como número final del catálogo FAC. A excepción del primer disco con Black Grape, Shaun Ryder no ha vuelto a alcanzar los picos creativos de los '80, pero los Happy Mondays reunidos demuestran que aunque su música ya no sea novedosa, puesta a prueba al sonido en vivo, la fórmula todavía funciona. Rowetta entra y sale del escenario según los temas, el inefable Bez entra esporádicamente a bailar, pero su desenfreno no se repite en el público que acompaña todo el show con un leve bamboleo, pero sin exageraciones (salvo un par de chicas unos metros delante mío que se sacuden enajenadas y poseídas). Y así fue transcurriendo un show que a muchos nos devolvió la fe en la banda.
“Bob's Yer uncle”, la guitarra que arde en “Mad cyril” y un cierre desbordado con “Step on” le pusieron un broche sónico fenomenal a un set breve pero contundente. Bez volvió para arengar al baile y mientras desde unos de los VIP soltaban unos globos con helio que se escapaban hacia Alicia Moreau de Justo (único aditamento inesperado en una puesta sobria tanto escénica como lumínica), los Happy Mondays se despidieron entregando su mejor versión. Aquellos despropósitos en español de Shaun al inicio (“Ustedes son un público incredible”, “Movistar es fantasticou”), ahora repetidos se aunaron al tema como en un remix improvisado. Al rato volvieron sin que nadie se los pida e hicieron “Jellybean”, uno de los pocos puntos altos de su fallido regreso al estudio en 2007 (“Uncle Dysfunktional”). Un tema denso, muy cargado de capas de guitarra disonantes, que indujo a un breve trance. Y por último “Wrote for luck” para cerrar definitivamente a puro baile. Happy Mondays pasó por Buenos Aires sin novedades, apostando a lo seguro tanto desde la elección de los temas como en cuanto al sonido, pero entregando la versión más convincente en años. Ojalá esa energía pueda plasmarse en música nueva, porque basta con bailar un rato con ellos para darse cuenta lo falta que hacen.
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