martes, 3 de abril de 2012

Gogol Bordello en Groove


Después del evento monstruoso y la parafernalia conceptual de Roger Waters, yo necesitaba volver a tierra. Sentir nuevamente las sensaciones y la energía que producen un recital de rock en su versión más básica y por lo tanto, como dicen los narcocatadores, de mayor pureza. Y nada mejor que Gogol Bordello para recuperarlo. La banda de Nueva York tocó anoche en Groove, luego de su presentación por el Lollapalooza chileno, volviendo a la Argentina tras su breve paso por el Pepsi music en el Club Ciudad allá por 2009, en uno de los escenarios mutilados a los oídos porteños por el Santísimo Señor de las Bicisendas. A pesar de llegar relativamente sobre la hora pude escuchar el último tema de la banda soporte “4 pesos de propina”, que mas allá de la obviedad de una rima entre plata y pirata, parecían sonar bastante bien y tener muy buen recepción por parte del público. Pero yendo a la banda principal, mas allá de su identidad gitana, Gogol Bordello no encaja en los parámetros de la llamada “movida balcánica” que Kusturica mediante, tuvo su pequeño auge en el país desde fines de los '90 hasta algunos años avanzado el nuevo siglo. Aún cuando algún oído interesado se haya acercado a la propuesta de Eugene Hutz y los suyos desde aquella movida, lo cierto es que en el caso de Kusturica existe un cierto componente nacionalista que en Gogol Bordello desaparece por completo. Aquí se reivindica al gitano en su versión nómade y asume como propia la causa de todos los inmigrantes del mundo. Mirando remeras uno puede guiarse también sobre lo heterogéneo del público que se acercó anoche hasta Plaza Italia, y mientras esperaba el inicio del show (torturado por el pésimo gusto de DJ de Groove empecinado en el cuarteto y la peor cumbia) pude ver remeras de Free Palestine, The Wall, Mano Negra e incluso un flaco que llevaba puesta una remera de Licenciado Cantinas de Bunbury junto a un buzo de Lacrimosa (???).
Escenario despojado, apenas decorado por una bandera con el símbolo del disco “Gyspy punks”: un puño aferrado a una honda, a punto de lanzar una estrella identificada con la libertad. En el desprolijo ingreso de los músicos, más la botella de vino en la mano izquierda del ucraniano Eugene Hutz, uno tiene el primer síntoma de los condimentos que va a tener el show. Y el comienzo irresistible con “Ultimate”, también apertura de su anteúltimo trabajo“Super Taranta!” (2007), se trata entonces tan solo de una confirmación. A partir de allí será todo delirio y traspiración. Cada riff del acordeón de Yuri Lemeshev y el violín (Sergey Ryabtsev es componente fundamental de la banda) será coreado a toda voz, cada ritmo replicado en saltos y palmas, cada grito liberado acompañado por puños en alto. Punk gitano, innecesaria etiqueta, porque a decir verdad: hay algo en el mundo más punk que los gitanos? Y luego “Sally”, a puro pulso ska, con el violín marcando el ritmo como un cuchillo, para devenir en furia punk. Y no habrá respiro, porque todo el show mantendrá la adrenalina de esos primeros minutos, con ritmos que van desde el reggae hasta el hardcore, a cargo de una banda sanguinea y visceral.
La fiesta permanente de Gogol Bordello estará siempre acompañada por un espiritu rebelde irrenunciable. La actitud frente al escenario es la de “si molestamos, no nos importa. Así somos, tómalo o déjalo (si puedes)”. A los pasos de Sergey llevando a pasear su violín por todo el escenario, y los movimientos desaforados de Hutz, se suma la presencia de Pedro Erazo, el percusionista y MC ecuatoriano del grupo, quien es el encargado de las arengas al público, innecesarias por cierto. Desde la mitad del local veo pasar cuerpos exhaustos que salen del pogo constante para tomar una bocanada de aire (y un poco de cerveza) para regresar renovados a seguirle el ritmo a la banda. Una banda que avanzando en el show arma una continuidad con “Inmigrant punk” y “Tribal connection” que tiene a Joe Strummer como Dios pagano y “The guns of Brixton” como biblia sagrada. Y después sigue con las lejanas reminiscencias españolas de “My companjera”. Este tema es de su último disco “Trans-Continental Hustle”, producido por un Rick Rubin que consiguió la versión más madura de Gogol Bordello, al menos de lo que hasta ahora conocemos de ellos. De allí también sonaron la cumbia “Last one goes the hope” y el momento más calmo del show, con “When universes collide”.
Tratándose de un 2 de Abril, me intrigaba ver como Gogol Bordello se abocaba al tema Malvinas (si es que lo hacían) sin caer en demagogia. Y el encargado fue una vez más Pedro Erazo, quien afirmó: no solo las Malvinas, todo el mundo es nuestro. Perfecto, bien a tono con su espíritu nómade, y ahí nomás pegaron lo que tal vez sea su más elocuente declaración de principios “Inmigraniada (We comin' rougher)”, y el pogo llegó hasta la avenida Santa Fe. Ya para el final quedaron “Break the spell”, el irresistible “Pala tute” y un “Star wearing purple” (con cita al floydeano “Hey teacher, leave the kids alone”, como si el espíritu de Roger Waters aún permaneciera entre nosotros) que nos dejó a todos saltando hasta volvernos púrpuras del calor, mientras Eugene Hutz vaciaba su botella de vino sobre las cabezas de la gente más cercana, y revoleaba lo que quedaba repartiéndolo por todo el escenario.
Breve receso para un regreso que fue más de lo mismo, una fiesta en continuado que solo se tomó un respiro para dar lugar al inevitable canto del público local, porque también Gogol Bordello es un sentimiento que no se puede parar. “Alcohol”, oda que también resulta otra declaración de principios, con menos rebeldía pero más enajenación, y “Think locally, fuck globally”, "Sacred darling" y un final que los encuentra a todos los músicos entrelazados sobre el escenario, mientras suena de fondo la voz de Johnny Cash y su versión de “Redemption song”, un auténtico himno para los inmigrantes del mundo.
Con seguridad las efusivas crónicas de los esperados shows de Foo Fighters en River dejarán en segundo plano lo sucedido anoche en un Groove repleto, pero quienes estuvimos allí sabemos que semejante descarga de energía no será sencillo de ser superada por mucho tiempo. Y tratándose de Gogol Bordello, no será cuestión de pedirles que vuelvan, porque será su andar errante el que inevitablemente los traiga casi sin querer de regreso, para volver a regar esta tierra con mucho vino, más sudor, y ninguna lágrima.

4 comentarios:

Merita dijo...

Excelente crónica para lo que el resto de los mortales -discapacitados literarios- describimos justamente como indescriptible. Gracias!

Julián dijo...

Imagino mucho los recitales cuando los describís, cosa que agradezco profundamente como lector pero...no se porqué te imagino como espectador pasivo (en el buen sentido, claro)y que no te prendes a los pogos, o a la locura de un recital como este que relatás. Lo único que sé es que te tengo envidia, porque siempre tenés entradas para algo.

hernan dijo...

Los disfruto, y nunca antepongo la "profesión" (???) al goce del momento. Pero estoy viejo para pogos.

Corita dijo...

Querido Dardes, como siempre, ponés palabras a lo que yo pierdo en el éter del delirio. Gran crónica para revivirlo una y otra vez. Eso sí, cabe mencionar que entre My Companjera y Last One Goes de Hope sonó un HERMOSO, ALEVOSO, OLÍMPICO, CELESTIAL... MISHTO!
Estoy tratando de subir los videos pero temo que tomará tiempo y más sudor que esas horas en Groove!