viernes, 10 de junio de 2016

Calexico en Niceto

Decidí sobre la marcha ir al show de Calexico en Niceto. En realidad me enteré casi sobre la hora, la publicidad no abundó y una mano generosa que vendió a precio accesible una entrada de invitación me hicieron acreedor a un show al que me había resignado a perder. Pero me debía una revancha de mi ausencia en 2014, porque se trata de una banda que cuando la vi en La Trastienda, me había dejado con ganas de volver a tenerla enfrente.
La noche fria se prestaba para estar amuchados como de costumbre en Niceto pero la concurrencia no pasó de nutrida. La devaluación y el ajuste empiezan a mermar las convocatorias en los shows, y en las redes se empiezan a multiplicar las quejas para con los precios de las entradas. Pues bien, la cuestión fue que a la hora del show la concurrencia era respetable, pero distaba de la que el concierto ameritaba.
Empecé hablando de precios, renuncias y cuestiones sociales y no hay manera de no abocarse a la realidad de Calexico sin dedicar unas lineas a la amenaza de Trump. Claro, porque aunque la banda no haga de su paseo por los escenarios del mundo un alegato contra el magnate construyemuros, la comunión de la música del desierto de Arizona con los sonidos que llegan del otro lado del rio Bravo, lo vuelve una referencia inevitable. Alguna vez Milan Hlavsa dijo que sus Plastic People of The Universe jamás se habían propuesto hacer de su arte una proclama anti régimen, y que sin embargo habían sido perseguidos por la dictadura Checoslovaca porque lo que no podían aceptar era la libertad de la creación. Y en este caso, en definitiva, es otra vez el hecho artístico lo que incomoda y pone en jaque a los prejuicios de Trump. Es la música la encargada de borrar las fronteras que los fascista pretenden fortificar, y es la naturalidad con la que se expresa la que más expone la ridiculez de los prejuicios.
Calexico llegó a Buenos Aires para presentar “Edge of the sun” su último trabajo, pero la apuesta distó de reducirse a eso. Los de Tucson, que abrieron su show con “Frontera/Tigger” y es el drama y la desesperación del que busca salvarse cruzando la frontera aún a riesgo de dejar la vida lo que nos introduce en su universo. Y enseguida sí, el último disco con “Falling from the sky”. Para los que conocemos la carrera de la banda no nos sorprendemos como transitan de la cumbia a los sonidos del desierto texano. Sabemos de sus interminables referencias a Latinoamérica, que exceden lo rítmico y que se expresan en canciones como “Victor Jara hands”.
En lo que al show de anoche se refiere, comenzó en un clima íntimo que fue ganando en temperatura y que superó algunos escollos inesperados, como la rotura de la guitarra acústica de Joey Burns. Pero la sintonía con el público porteño se sintió desde el primer momento.
Calexico tiene una particularidad que para mí es su principal sello distintivo: la capacidad de transportar con sus sonidos al contexto que le dieron origen. Cuando suena el slide tiene el andar lento del viento desértico y cálido. Y las trompetas marichi en su estridencia llevan consigo el signo de una taberna en El Paso. La música retoma y profundiza el camino que abrieron Los Lobos y construye un repertorio que no se define por la fusión sino por la diversidad.
De los temas nuevos sonaron entre otros “Bullets & rocks”, “Cumbia de donde” (en el disco colabora Amparo Sanchez) y “Moon never rises”. Pero hubo lugar para todo, como “Sunken waltz”(otra vez el duro camino de alejarse de lo suyo para construir un destino en tierra ajena) y también “Soledad (cumbia en la mar)” de los también texanos Los Gallegos.
A medida que el show avanzó, no solo tomó mayor temperatura arriba del escenario sino también debajo. Las palmas, los bailes y los tarareos se sumaron a la banda, que con citas a Manu Chao y una violinista invitada sobre el escenario terminó por enamorar a su gente.
Para el final, con “Inspiración” (de “Carried to dust”) y una prolongada “Güero canelo” dejaron el escenario rápidamente con el sello de sus tips latinoamericanos preferidos. Un telón que se cerró veloz, las luces y la música de Bob Marley que ganó la pista de Niceto dejaron en claro que no había lugar para un regreso al escenario. Pero en los rostros de los músicos que abrazados se habían despedido unos minutos antes, quedaba bien en claro que el reencuentro ya comenzó su cuenta regresiva.





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