domingo, 7 de junio de 2009

The Bad Plus en La Trastienda

La noche del sábado estuvo encajonada entre eventos deportivos. Porque partí para La Trastienda ni bien finalizó el partido de la selección en el cual el héroe terminó resultando uno de los peores jugadores de la cancha, y ahora me siento a escribir mientras Roger Federer celebra haberle ganado Roland Garros a un sueco con cara de actor porno. Pero el objetivo es resumir la nueva lección musical que el grupo norteamericano The Bad Plus entregó anoche durante la casi hora y media que duró su show. Con un recorrido que se va acercando a la década, el trío de jazz integrado por Ethan Iverson en el piano, Reid Anderson en el contrabajo y David King en la batería, ha demostrado ser especialista en el oficio de destruir y reconstruir canciones ligadas al pop y al rock con probada eficacia. Y en su nueva apuesta, por primera vez incorporaron una cantante invitada (Wendy Lewis), lo cual significaba todo un desafío para una banda más acostumbrada a desarticular melodías que a seguirlas al pie de la letra. Pues bien, después del show de anoche cualquier duda preexistente ha quedado definitivamente despejada.
El show se dividió en dos partes bien marcadas aunque de despareja duración: la primera más breve con solo el trío sobre el escenario, y la segunda íntegramente acompañados de Wendy sobre el mismo. El primer tramo del concierto estuvo centrado en pasajes en los cuales la música clásica contemporánea estuvo presente: “Variation d’Apollon” de Stravinsky, o la propia composición “Rinoceros is my profesión” (de Suspicious activity – 2005) dieron muestra de este enfoque y revelaron a un Ethan Iverson brillante haciendo gala de una sorprendente independencia de manos. Reid Anderson se dirige al público en perfecto español presentando a los músicos y a los temas, y ese primer tramo llega a su fin con “Fém (etude nº8)” de Gyorgy Ligeti, composición ya de por sí transgresoramente caótica, que en manos de The Bad Plus se torna aún más anárquica. Si a Ethan en ese momento le cambiasen el piano por un mellotron tranquilamente se pudiese pensar en Keith Emerson sobre el escenario. David King acompaña sus golpes con movimientos corporales sutiles que se contraponen con la potencia que por momentos extrae de sus tambores.
La segunda parte comienza cuando Reid comenta sobre su nuevo proyecto e invita a su amiga Wendy Lewis al escenario y abren ese tramo con el tema del cual extrajeron el nombre del disco (For all I care - 2009), una poderosa versión de “Lithium” de Nirvana. Wendy, una cantante indie poco conocida proveniente de Minesotta, se acopla al trío de una manera natural y hace que las versiones estén cargadas de una intensidad y un componente emocional nunca antes alcanzado por el grupo. La bellísima “Radio Cure” de Wilco es otra muestra de ello, y tal vez esta impresión alcance su punto más alto en “How deep is your love” de los Bee Gees. La voz no priva para nada al The Bad Plus de su intención experimental y obliga a afinar el oído para descubrir los preciosos arreglos que se revelan detrás de las melodías cantadas por Lewis. Y como para dejar en claro que el proyecto busca llegar más allá que un solo trabajo, dejan de lado sus versiones de The Flaming Lips y Yes, para abocarse a otras no incluidas en “For all I care”; así es que aparecen un standard como “Blue velvet” (magnífica Wendy!) y “A new years day” de U2, con una introducción arrolladora de King y que en el desarrollo instrumental alcanza momentos sublimes. Hacia el final quedaron la contundente “Barracuda” de Heart, y por supuesto “Confortably numb” en donde el tandem de voces de Reid Anderson y Wendy Lewis en los coros es sencillamente una delicia, mientras detrás de ellos Ethan Iverson hace maravillas con sus manos sobre las teclas.
El regreso al escenario fue con una sorpresa: una breve versión de “Heart of gold” que me dejó fascinado. Porque Reid Anderson se revela como un gran cantante, y porque The Bad Plus renuncia cualquier pretensión virtuosa para rendirse ante la hermosísima melodía de Neil Young. Hubo pedidos de más, pero los músicos volvieron al escenario solo para aclarar que un evento posterior en la sala les impedía prolongar el show, cosa que por sus rostros hubieran hecho gustosos. Aplausos y despedida final para una experiencia que no solo espero que se repita sino que se profundice, porque si algo quedó claro anoche, es que la alianza entre The Bad Plus y Wendy Lewis todavía tiene mucho para dar. Por mi parte la noche de San Telmo todavía tenía reservado un goulash todo lo sustancioso y picante como lo exige el invierno, pero la sección gastronomía queda para otro momento.
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