lunes, 22 de diciembre de 2008

Indio Solari en Estadio único de La Plata

Resulta sorprendente darse cuenta que hay lugares de los que uno no se va nunca. Situaciones que tienen que ver con la pertenencia. No importa a cuántas ceremonias uno puede haber faltado, bastan un riff de guitarra y una frase a modo de sentencia, para sentir en la piel la sensación que veinte años pueden suceder en un solo día. Y la fiesta del Indio anoche en La Plata tuvo eso. Caras que podrían ser las mismas o no, pero que uno cree reconocer desde siempre, banderas decoloradas que revelan el paso del tiempo, cantos que se guardan atravesados en las gargantas esperando salir a la luz dos o tres veces al año, casi como una liberación.
El estadio único estuvo repleto y todo se encadenó a la perfección. El ingreso prolijo, la espera paciente, un sonido que después de luchar contra el viento en la apertura permitió disfrutar del show sin inconvenientes. La banda, Los Fundamentalistas del aire acondicionado, que suena solvente y ajustada, y que con el apoyo de los vientos y las voces de Debora Dixon y Luciana Palacios, resulta la plataforma para que el Indio pueda hacer su recorrido con comodidad.
El show propiamente dicho está basado en “Porco Rex”, el último disco con pasajes redonditos intercalados de manera efectiva, y que al final terminan por ganar el repertorio. Desde la apertura, con “Pedía temas en la radio”, “Ramas desnudas”, y “Porco rex” quedó claro que el público escucha y disfruta de los temas nuevos, pero que la pasión aparece cuando suenan los clásicos, por eso la primera explosión de la noche se produce con el tándem de “La mosca y la sopa”: “Un poco de amor francés” y “Fusilados por la cruz roja”. Tras el desgarrador “Pabellón 7º”, uno de los pocos pasajes por “El tesoro de los inocentes”, el show vuelve al cauce de “Porco rex”, y vuelve a estallar cuando el Indio anuncia “un tema de la época de los pubs”; entonces se escucha el punteo de “El infierno está encantador” en donde Baltasar Comotto (brillante a lo largo del show) se viste de Skay y el tema suena tal cual sonó tantas veces a lo largo de los años ’80 y ’90. Le sigue “Mariposa pontiac/Rock del país” y otra vez la vuelta al siglo XXI: “Bebamos de las copas lindas”, “El tesoro de los inocentes” y “Y mientras tanto el sol se muere”.
Después se produjo la anunciada participación de Andrés Calamaro, que fue bien recibido (“reciban a mi invitado como yo recibiría al de ustedes”, pidió el Indio) aunque sin euforia, y que después de pasar desapercibido en “Veneno paciente”, repartió estrofas con Solari en “Esa estrella era mi lujo” y una potente versión de “El salmón”. Tras una breve interrupción para reacomodar el sonido, sonó “To beef or not to beef”, y el final resultó una implacable y demoledora seguidilla que empezó con “Un angel para tu soledad”, que siguió con “Nadie es perfecto” y “Ñam fri fruti fali fru” y terminó con el obligado himno de “Luzbelito”: “Juguetes perdidos”
La vuelta al escenario fue con “Flight 956”, el anuncio de un solo show en la agenda del 2009 y una innecesaria invitación a “mover el culito”, ya que lo que ocurre con “Ji ji ji” no por repetido y previsible deja de ser conmovedor. El pogo más grande del mundo resucita una vez más en La Plata, y deja en claro que no existe nada en el mundo que se le pueda comparar. Y tal vez, después de tanto video desenfocado y tambaleante, la prometida edición del DVD para el 2009 con las grabaciones de los shows del sábado y el domingo en La Plata, permita que de una vez por todas vaya a existir un testimonio fiel en imagen de esa incomparable explosión adrenalítica.
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