lunes, 4 de agosto de 2008

Hamacas al Rio en Vaca profana

El frío del fin de semana que se iba terminando fue el último empujón que necesitaba para refugiarme en ese reducto más que confortable que es el Club de amigos de la Vaca Profana, en Almagro. La excusa: estar presente en la última presentación en vivo de Hamacas al Río, antes de terminar la grabación de su tercer trabajo.
La apertura estuvo a cargo de Juanito el Cantor, nombre con el que Juani Serrano presenta un manojo de canciones acústicas inclasificables. Con un disco editado de manera independiente ("Doce canciones de amor y una botella de vino") y otro en camino (anunciado como "El sueño de las ballenas"), Juanito posee un repertorio más que interesante, con melodías y letras premeditadamente ingenuas a veces, casi surrealistas en otras, y es dueño de una voz cautivante; armas con las cuales consigue en el escenario un magnetismo muy particular. Durante el breve recorrido de anoche pude hallar rastros de Drexler, Spinetta y Nebbia entre las referencias musicales que sirven como influencia, pero seguramente después de otras escuchas esta lista quedará relegada por la propia identidad de las canciones de Juanito, que tienen suficiente calidad para valerse por sí mismas. Tomo nota de esta grata sorpresa y prometo seguir más de cerca su música de ahora en más.
Casi sin respiro, ya que el corto intervalo tomó de sorpresa a los que decidieron salir a fumar afuera, Hamacas subió al escenario y le bastaron dos temas, "Sueños" y "Ciego", para construir el clima que caracteriza a sus presentaciones. Ese suave vaivén que tiene mucho de péndulo hipnotizante, y que a fuerza de melodías simples e intensas consigue cautivar al público y ensimismarlo con la música y sus emociones. Con un repertorio que recorrió de manera pareja sus dos trabajos, presentaron nuevo guitarrista (Jorge a secas, en lugar de Javier Picerno), y con él estrenaron algunos sutiles y nuevos arreglos, que no modifican en gran medida lo que vienen haciendo hasta el momento.
No encuentro manera más adecuada para describir la impresión que provoca Hamacas sobre el escenario, que compararlo con la imagen de un hogar a leña. Ese calor que no es solo calor, sino calidez; esa lumbre que es más que luz, sino un efecto inestable de brillos, colores y sombras que ganan y pierden en intensidad, que produce una mezcla de abrigo e intimidad, y que provoca arrimarse y compartir. En ese ambiente, un olvido es una anécdota risueña, cada melodía resulta una caricia suave, y el transcurrir de canciones como "La isla", "Andar" o "Pinta colores" es un recorrido placentero para los sentidos. El final con "El viaje" y "Carla" fue la perfecta despedida para una noche de sensaciones intensas y en la que el frío había quedado reservado para el afuera, porque la música se había encargado de dejarnos con la tibieza interna que solo saben dejar los momentos agradables. Solo resta esperar a mediados de Septiembre para conocer las nuevas canciones y comprobar hasta donde Hamacas al Río es capaz de ampliar su encanto y su resplandor.
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