
“Nada se pierde ni se gana, sin
embargo las cosas no son las mismas entre vos y yo. Mantengo mi
estrecha vigilancia sobre este corazón mío”. La voz grave le
agrega un tono todavía más agobiante al poema. El tipo está seguro
de lo que dice. Está seguro de esa vigilia intensa como de cada una
de sus obsesiones. Tanto es así que el tipo grabó “(I keep a)
close watch” en “Helen of Troy" a mediados de los '70. La volvió
a grabar en “Music for a new society”, el oscuro manifiesto que
lo introdujo en los '80. Y la canción vuelva a estar presente en el
reciente “M:fans”, la recreación y reinvención de aquel “Music
for...” que este señor galés acaba de publicar. El tipo termina
de cantar, saluda moviendo apenas la mano a un público que se agolpó
cercano al escenario, y se va dando pasos cortos, casi arrastrando
los pies. Lleva puesto un saco negro con la espalda dividida al medio
en un damero negro y blanco, viste bermudas y unas Converse sin
medias. Tiene 74 años y acaba de dejar en claro que su vitalidad no
se expresa en el estado físico de un Mick Jagger, sino que reside
en su extraordinario arte. En esas canciones sombrías, crueles,
brumosas que forman parte de una carrera de 50 años que expuestas
sobre un escenario revelan su vigencia en la capacidad de
reinvención. La gente se quedará unos minutos esperando un bonus
que no llegará nunca, y un telón bordó que cubre el escenario
derrumbará las últimas esperanzas de los fans. John Cale acaba de
terminar el primer show de su vida en Argentina.
Está claro que John Cale no tuvo en
su etapa solista la repercusión de su principal ex compañero de
banda. Tampoco la buscó, está claro. Pero en un mundo que ya no
tiene a Warhol ni a Lou Reed, este sobreviviente de la inquieta y
provocadora vanguardia neoyorquina de fines de los '60 se encarga de
mantener vivo aquel espíritu con un encomiable esfuerzo intelectual.
No claudica, no se detiene, mantiene su mente abierta a los sonidos
nuevos y los incorpora expandiendo el alcance de cada una de sus
inquietudes. Anoche en el Teatro Opera John Cale reveló la vigencia
de un movimiento cuyo inconformismo reside en negarse a la cortesía
y que apela a la repetición solo con el objeto de prolongar y
robustecer la perturbación.

El show repasó toda su carrera
solista. Apenas hubo una sola cita a Velvet Underground con una
versión electrónica y densa de “I'm waiting for the man”. John
Cale cantó con su voz cavernosa, que se mostró en buen estado
aunque le costaron algunos agudos y el aire le faltó en las frases
estiradas (en “Ship of fools” especialmente). Tocó teclados
durante la mayor parte del show, y estuvo acompañado por un
guitarrista cargado de efectos, y un baterista que también tocaba
teclados y disparaba programaciones. El show abrió con “Time stand
stills” y tuvo un comienzo en donde la electrónica se sostuvo en
un síncope lento y sugerente, emparentado con el trip hop. “The
endless plain of fortune” y “If you were still around” fueron
algunos ejemplos. Hubo momentos más densos e hipnóticos como en
“Coral moon”, y un pulso más marcado y sostenido en temas como
“Hemingway” y “I wanna talk 2 you”, ambas de “Shifty
adventures in Nookie Wood” (2012), un disco extraordinario que
muchos pasaron injustamente por alto. En la versión grabada de este
último tema, participa Danger Mouse.
En ese contexto de tonos oscuros,
reforzado por una iluminación violácea que lo acentuaba, “Ghost
story” sonó engañosamente amena, clima que se prolongó en
“Things” con Cale en guitarra acústica. El “sleeping in the
midday sun” de “Buffalo ballet” lo repetimos como mantra
susurrando obedientes, y la banda mostró los dientes en la
electricidad punzante de “Catastrofuk”. Pero el clima inquietante
y tenso que sostuvo el show puede resumirse en un “Fear is a man's
best friend”, que resulta toda una declaración de principios.
Para el cierre, Cale tomó una
guitarra eléctica y lideró su banda para cerrar la noche con “Gun”
y “Pablo Picasso”, el tema que The Modern Lovers grabara bajo su
batuta, y que él mismo grabaría en “Helen of Troy”. Luego
regresó solo para “(I keep a) close watch”, único bis de la
noche, y una espera ansiosa por ese regalo extra que no llegaría
nunca.
“The holy dark was moving too and
every breath we drew was. Hallelujah” No, John Cale no cantó
anoche su versión del clásico de Leonard Cohen. Pero el universo
siempre entrega pistas para que todas las piezas encajen en su sitio.
Y ahí están entonces esos versos del monje canadiense que describen
mejor que nada lo que anoche sucedió en el Teatro Opera.
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