viernes, 4 de marzo de 2016

John Cale en el Teatro Opera

“Nada se pierde ni se gana, sin embargo las cosas no son las mismas entre vos y yo. Mantengo mi estrecha vigilancia sobre este corazón mío”. La voz grave le agrega un tono todavía más agobiante al poema. El tipo está seguro de lo que dice. Está seguro de esa vigilia intensa como de cada una de sus obsesiones. Tanto es así que el tipo grabó “(I keep a) close watch” en “Helen of Troy" a mediados de los '70. La volvió a grabar en “Music for a new society”, el oscuro manifiesto que lo introdujo en los '80. Y la canción vuelva a estar presente en el reciente “M:fans”, la recreación y reinvención de aquel “Music for...” que este señor galés acaba de publicar. El tipo termina de cantar, saluda moviendo apenas la mano a un público que se agolpó cercano al escenario, y se va dando pasos cortos, casi arrastrando los pies. Lleva puesto un saco negro con la espalda dividida al medio en un damero negro y blanco, viste bermudas y unas Converse sin medias. Tiene 74 años y acaba de dejar en claro que su vitalidad no se expresa en el estado físico de un Mick Jagger, sino que reside en su extraordinario arte. En esas canciones sombrías, crueles, brumosas que forman parte de una carrera de 50 años que expuestas sobre un escenario revelan su vigencia en la capacidad de reinvención. La gente se quedará unos minutos esperando un bonus que no llegará nunca, y un telón bordó que cubre el escenario derrumbará las últimas esperanzas de los fans. John Cale acaba de terminar el primer show de su vida en Argentina.
Está claro que John Cale no tuvo en su etapa solista la repercusión de su principal ex compañero de banda. Tampoco la buscó, está claro. Pero en un mundo que ya no tiene a Warhol ni a Lou Reed, este sobreviviente de la inquieta y provocadora vanguardia neoyorquina de fines de los '60 se encarga de mantener vivo aquel espíritu con un encomiable esfuerzo intelectual. No claudica, no se detiene, mantiene su mente abierta a los sonidos nuevos y los incorpora expandiendo el alcance de cada una de sus inquietudes. Anoche en el Teatro Opera John Cale reveló la vigencia de un movimiento cuyo inconformismo reside en negarse a la cortesía y que apela a la repetición solo con el objeto de prolongar y robustecer la perturbación.
El show repasó toda su carrera solista. Apenas hubo una sola cita a Velvet Underground con una versión electrónica y densa de “I'm waiting for the man”. John Cale cantó con su voz cavernosa, que se mostró en buen estado aunque le costaron algunos agudos y el aire le faltó en las frases estiradas (en “Ship of fools” especialmente). Tocó teclados durante la mayor parte del show, y estuvo acompañado por un guitarrista cargado de efectos, y un baterista que también tocaba teclados y disparaba programaciones. El show abrió con “Time stand stills” y tuvo un comienzo en donde la electrónica se sostuvo en un síncope lento y sugerente, emparentado con el trip hop. “The endless plain of fortune” y “If you were still around” fueron algunos ejemplos. Hubo momentos más densos e hipnóticos como en “Coral moon”, y un pulso más marcado y sostenido en temas como “Hemingway” y “I wanna talk 2 you”, ambas de “Shifty adventures in Nookie Wood” (2012), un disco extraordinario que muchos pasaron injustamente por alto. En la versión grabada de este último tema, participa Danger Mouse.
En ese contexto de tonos oscuros, reforzado por una iluminación violácea que lo acentuaba, “Ghost story” sonó engañosamente amena, clima que se prolongó en “Things” con Cale en guitarra acústica. El “sleeping in the midday sun” de “Buffalo ballet” lo repetimos como mantra susurrando obedientes, y la banda mostró los dientes en la electricidad punzante de “Catastrofuk”. Pero el clima inquietante y tenso que sostuvo el show puede resumirse en un “Fear is a man's best friend”, que resulta toda una declaración de principios.
Para el cierre, Cale tomó una guitarra eléctica y lideró su banda para cerrar la noche con “Gun” y “Pablo Picasso”, el tema que The Modern Lovers grabara bajo su batuta, y que él mismo grabaría en “Helen of Troy”. Luego regresó solo para “(I keep a) close watch”, único bis de la noche, y una espera ansiosa por ese regalo extra que no llegaría nunca.

“The holy dark was moving too and every breath we drew was. Hallelujah” No, John Cale no cantó anoche su versión del clásico de Leonard Cohen. Pero el universo siempre entrega pistas para que todas las piezas encajen en su sitio. Y ahí están entonces esos versos del monje canadiense que describen mejor que nada lo que anoche sucedió en el Teatro Opera.

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