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jueves, 18 de junio de 2015

Johnny Marr en Niceto 2015

Cuando hace un año y pico me fui de Niceto después del primer show en solitario de Johnny Marr en la Argentina (el evento resultaba un sideshow del Lollapalooza 2014, en el que le dieron poco espacio y lo confinaron a un horario demasiado temprano), lo hice con la convicción de que lo veríamos de nuevo por estas tierras. Era una sensación difícil de explicar, que se basaba más en una propia intuición (que a decir verdad, ha fallado más de una vez) que en la promesa del músico, pero que como expliqué en la crónica de entonces, se sustentaba en que a Johnny Marr lo seguía el nucleo “duro” de fans argentinos de los Smiths, y eso me hizo pensar que semejante tenacidad merecía recompensa. Y desde ya, con las emociones de la primera experiencia frente a frente a flor de piel, que había reciprocidad en lo ferreo de la incipiente relación.
Pues bien, pasó muchísimo menos tiempo que el imaginado, y fue la gira de presentación de “Playland” la que lo trajo de nuevo a la Argentina. Y como si aquella intuición resultara una verdad constatada por el universo, la cita se consumó en el mismo espacio: Niceto Club de Palermo. Con un clima bastante más frio que la primera vez, pero solo afuera del recinto. Adentro Niceto estaba desbordado de gente e igual de cálido que un año atrás.
En cuanto a estructura, el show tuvo casi la misma que la del año pasado. Temas propios y las canciones de The Smiths (más algún cover), mechadas en los momentos cruciales del concierto. Si alguien que fue a aquel y no a este intenta imaginárselo, le bastará cambiar un par de nombres en la grilla, reacomodar no más de dos o tres temas y listo. Poque aunque ahora los discos propios son dos, la esencia de la intención del guitarrista de Manchester parece ser incluir una presencia bien notable de su pasado más glorioso en los shows. La etapa actual de Marr lo muestra en su momento más inspirado desde la lejana separación de los Smiths, y tal vez sea esa inspiración la que haga que el combo presente/pasado resulte imposible de divorciar.
La apertura (tan puntual como en 2014) fue con “Playland”, el tema que le da título al segundo trabajo solista. Post punk en su versión más pura, que podría sonar a destiempo y que sin embargo convence de entrada. Y en seguida “Panic” provoca el primer pogo de la noche. Yo ya no estoy para grandes sacrificios físicos a la hora de vivir un show, pero la estampida me perdió entre la gente y emergí a unos pocos metros del escenario, privilegiada posición que mantuve hasta el final del concierto. Había llegado bastante sobre la hora, había pasado por la barra, y el amontonamiento me había impedido acceder del todo a la pista.
Hablando de posiciones, la vez pasada estuve en el que se supone que es el VIP, arriba y bien cerca del escenario, pero también de uno de los parlantes que me atronó y que no permitió que disfrutara de todos los detalles de la banda. En esta oportunidad sucedió todo lo contrario, y es notable gozar de un grupo que a la medida del talento de Marr, es pura energía cuando corresponde, pero muestra infinidad de detalles y exquisiteces en cada arreglo, con un sonido en vivo que es sumamente más poderoso que el que el cuarteto alcanza en su versión de estudio. Así sonaron por ejemplo “The right thing right” y “25 hours”, una de cada uno de sus discos solistas. Y esa energía se vuelve dance irresistible con la celebradísima “Easy money” y una linea de bajo que le debe su existencia a la inspiración de Peter Hook. “New town velocity” es dueña de una sugerente belleza y es una excelente decisión que sea una de los temas de “The messeger” que hayan permanecido en el setlist.
Para los ansiosos que chusmeamos los detalles de la gira no resultó una novedad, pero no por eso no dejó de ser una bendición, que Johnny Marr nos regalara “The headmaster ritual”, aquel tema que abría “Meat is murder” y cuyos arreglos de guitarra bien justifican el paso de Marr por este mundo. El bueno de Johnny entendió cómo venía la relación con el público, colgó una bandera argentina con la inscripción “Johnny genius Marr” en el escenario (regalo de fans, seguramente), se adelantó varias veces durante los solos, respondió con gestos a los elogios y esta vez no nombró a Kun Agüero, que por estos días es nuestro y solo nuestro.
El show fue breve, compacto y bien dosificado. “Back in the box” y “Generate! Generate!” nos pusieron lo pelos de punta, “Bigmouth strikes again” nos reclamó más energías, cantamos el estribillo de “The messenger”, disfrutamos de “Candidate” (tema nuevo tocado como adelanto el año pasado), volvimos a bailar con “Getting away with it” de Electronic, y despedimos a Marr repitiendo eso de que “never never want to go home” y que si esa noche era la última, nada nos importaba un carajo. “There is a light and it never goes out” es un hit, un mantra, y funciona como un mutuo agradecimiento eterno: “the privilege is mine”.
El regreso no se demoró, y esta vez Johnny Marr abandonó la pretensión de ponerse a la par de su ex compañero de juventud en “Please, please, please let me get what I want”, aunque no se resignó a abandonar a los Smiths para el primer paso de los bises. Entonces hizo “Stop me if you think I've heard this one before”. Después “Upstarts” y terminó el show en una versión de la banda más oscura, recargada de guitarras por momentos superpuestas y saturadas. Primero un cover potente de “I feel you” de Depeche Mode, casi para congraciarse con este cronista y su nuevo proyecto radial, y por último ese temazo que es “How soon is now”. Algo que se sabe desde siempre, pero que expuestos los sentidos ante una nueva escucha, es imposible dejar de repetir.
Eran 22:35hs, para los que laburamos al otro día resultaba casi ideal. Llegué a casa temprano, justo para la trifulca entre brasileños y colombianos al final del partido. Durante el trayecto de regreso un taxista intentó explicarme por qué el rock empezaba y terminaba con La Renga, pero lo que me dijo entró por un oido y salió por el otro. Podría haber contestado que el rock es “the son and the heir of nothing in particular. You shut the mouth”, pero no valía la pena. 








viernes, 4 de abril de 2014

Johnny Marr en Niceto

Al final no fui al Lollapalooza. La lista de excusas es casi tan larga como la de motivos para arrepentirme. La cuestión, resumida, porque no es motivo de este posteo, es que de la grilla de ambas fechas, había dos artistas que no había visto nunca y me interesaban en particular por encima del resto: Arcade Fire y Johnny Marr. Dicen los que uno sabe que saben, que lo de los canadienses fue extraordinario. Pero un martes laboral, llegar a San Isidro a tiempo, para mí era casi como llegar a Chile, y en el mejor de los casos, pagar veinte shows y ver uno solo. El miércoles sí era feriado pero jugaba River, y como decía la campaña “en la vida hay que elegir”. Elegí y el gol de Carbonero compensó cualquier pena musical. Mi pequeña venganza sería (esto ya lo sabía de antemano y hace bastante tiempo) el sideshow de Johnny Marr; venganza que los deseos de “amo del universo del rock” de los que adolece Mario Pergolini, puso en riesgo al negar caprichosamente y sobre la hora el Teatro Vorterix. La producción actuó rápido, movieron los sideshows a Niceto y yo pasé sin culpa alguna de un miércoles cantando “el que no salta es un ingles” en Nuñez, a una cita de jueves con el guitarrista de Manchester.
Ni bien llegado a Niceto me topé con que la entrada que yo tenía para el concierto original en el Vorterix había que canjearla en la boletería, que además era la misma en la que se vendían remanentes. Media hora para entregar un papelito amarillo a cambio de uno rosa...parece que la burocracia ha copado también el rock. Dónde está Frank Zappa cuándo se lo necesita!, pensé antes de encontrar buena ubicación. Bien, una vez adentro no tuve mucha espera, algo insual en Niceto, que por lo general no respeta horarios en busca de que el público se hidrate en la barra. Será que había un evento de trasnoche o será que decidieron sumarse con timidez a la abstemia militante de Johnny. La cosa fue que apenas quince minutos después de las 9, y con un Niceto atiborrado de gente, Johnny Marr y los suyos entraron al escenario.
Para los que veníamos chusmeando lo que el guitarrista de Manchester venía haciendo, el show casi no tuvo sorpresas: abrió con “The right thing right”, uno de los temas bien “garageros” de su primer disco solista, y nos dio la pauta de dos cosas: que energía no iba a faltar, y que el volumen iba a sangrar oidos. Si bien encadenó “Stop me if you think you've heard this one before”, el primer tema de Smiths de la noche, recién fue con “Upstarts” (perteneciente a la veta brit de “The messenger”) que el público lanzó sus primeros saltos. Aunque mucha gente comentaba el show que un día antes Johnny había dado (en el insólito horario de las 15:45hs) en el Lollapalooza, se notaba que el concierto que todos esperaban era el de anoche. Digamos que la “mesa chica” de los fans presumía que sería en ese ámbito, en donde el tardío contacto de Marr con el público argentino, alcanzaría la gloria. Y vaya que no nos equivocamos.
Con “Sun & moon” y “The crack up” la banda retomó su espíritu y sonido más punk, y a partir de “Panic” el show alcanzó un estado de gracia. Hay que decir, salvando las enormes distancias, que Johnny Marr es a los Smiths lo que Skay a Los Redondos. Porque mientras Morrissey transita el camino de la masividad y el éxito, Johnny se recuesta en una ámbito de pretensión más acotada. Y a mí, que tuve la posibilidad de ver a ambos en vivo, no me costó mucho percibir que el público se sentía de verdad a gusto en esa pequeña montonera apretujada sobre el escenario. Menos histeria, y más agresividad al grito de “Johnny fucking Marr”, mientras desde el escenario se recibía la energía y se devolvía por duplicado.
Unos diez días atrás pasé por la muestra que Kevin Cummins presentó en Buenos Aires, así que “New town velocity” resultó la pincelada musical perfecta para decorar las imágenes del Manchester que las fotografías de Kevin me habían revelado, y de algua manera me sirvió para cerrar ese círculo. La adolescencia de Marr, el abandono del colegio, la arquitectura de aquella ciudad, son retratados en el que tal vez sea el tema que rankee entre lo más alto del disco a la hora de los arreglos. Y en “The messenger” la dupla de guitarras continua mostrando ese otro tipo de sutilezas (en este tramo es brillante el trabajo de James Doviak), que aunque sean interrumpidas por “Lockdown”, vuelven en el momento más denso de la noche, con “Say demesne”.
Al igual que en Lolla, “Generate! Generate!” estuvo dedicada al Kun Agüero, porque la pasión por el City no tiene fronteras (aunque sospecho que si Johnny llegara a escuchar alguno de los discos de la noviecita cantante del Kun, se olvida por completo de mezclar futbol y música por mucho tiempo). Y el descontrol se apoderó de todos con una rockerísima versión de “Bigmouth strikes again”, cuyo pogo excedió largamente a los más entusiastas fans y se prolongó a lo largo de todo el boliche, contagiando incluso a los más grandes (que no eran pocos) que se habían mantenido en una prudente pasividad. El show desbordó por todos lados, la temperatura hizo que el aire se vuelva irrespirable, y fue el bajo new wave irresistible en “Word starts attack” el encargado de cambiar empellones por pasitos de baile.
Un tema nuevo, “Boys get straight”, de frenético espíritu punk, fue la antesala para una demoledora versión de “How soon is now?”, con las guitarras al palo y una voz que por momentos apenas llegaba a oirse. El concierto se cerró con el mismo tema que Morrissey en su último paso por el país, lo que da la pauta que a la hora de allegarse a su vieja banda, sienten y asimilan parecido. Acá nadie canta “solo les pido que se vuelvan a juntar”, pero más de uno se imaginó lo que hubiera sido la voz de Mozz en semejante cierre.
Hablando de The Smiths: si hay algo en las versiones que Marr hace de los viejos temas, es que a pesar de intentar acondicionar un poco su voz a los tonos más melodiosos de su ex compañero, allí radica su principal limitación. Si bien en temas como “Panic” la fuerza y la actitud superan el condicionamiento, en otros como “Please, please, please let me get what I want” (el elegido para abrir la tanda de bises) la cosa se le dificulta. Y como si se rebelara a él mismo, el cover de “I fought the law”, lo reafirma en su crudeza vocal, mientras la banda arrasa a sus espaldas.
Siguió otra nueva, “Candidate”, con unos arreglos de guitarras que valdrá la pena oir en la prolijidad del próximo disco, y si de Manchester se trataba, “Getting away with it” (de Electronic, la banda que compartiera con Bernard Sumner de New Order), lo más parecido a un hit que hizo en su carrera post-Smiths, nos trajo el espíritu de la ex industrial ciudad del Reino Unido, y un trabajo en bajo de Iwan Gronow digno de destacar. Después había que cerrar, y no podía haber mejor despedida que “There is a light than never goes out”. Y aunque todos allí teníamos casa adonde regresar, la idea de no volvernos resultó una súplica, y el canto a la luz que nunca se apaga casi que quedó en manos (en gargantas, mejor dicho) del público que en su euforia llevó a Johnny Marr a apartarse del micrófono y limitarse a escuchar a los suyos.
En medio de las crónicas sobre el primer Lollapalooza argentino, tal vez este show termine siendo olvidado, o al menos, relegado a un segundo plano. Pero los que elegimos privilegiar (o en muchos de los casos sumar) el ámbito reducido a la experiencia, podemos inflar el pecho orgullosos.