martes, 13 de agosto de 2013

Peter Murphy en el Teatro Vorterix

“Someone shot nostalgia in the back” cantaba hace años David J en aquel poema lírico de los 80, “Who killed Mr. Monlight?”, tomando por asalto la condición de voz principal de Bauhaus. Y Peter Murphy se adueña del nombre de aquel caballero, que parecía escapado de un poema de Poe en tono de sonata, para celebrar los 35 años del nacimiento de aquella banda, con el “Mr Moonlight tour”. Nostalgia por la espalda, sí. Pero con un tono especial; revitalizada y auténtica. Murphy nunca hizo abuso de su pasado con la banda, y cuando tuvo ganas de rescatarla y las condiciones se dieron, directamente la reunió. Pero en los últimos años sus shows solistas incluyeron algunos de aquellos clásicos, y el calendario a veces es una buena excusa. Entonces mientras el británico prepara su nuevo disco solista, aprovechó para traer a Buenos Aires (después de sus primeras visitas de 2009 y 2011) algo de la gira de reunión de Bauhaus de mediados de la década pasada, y que los porteños no pudimos llegar a ver.
Los resultados electorales del domingo habían rescatado mi lado más oscuro y pesimista, y nada mejor para hacerle frente a la sonrisa falsa y en éxtasis cocainómano de un adicto al auto robo, bajo el dominio de una dama con la sonrisa de Blancanieves y el espíritu de Herminio Iglesias, que sumergirme en el ambiente dark que venía a proponer Peter Murphy. Por ese motivo, entre las ofertas musicales de la semana, los 35 años de Bauhaus pudieron más que el blues texano de Joe Bonamassa.
Ni bien llegado al teatro sufrí una primera decepción: al comprar la entrada en el momento, no te daban ninguna oficial, sino un papelito con una X dibujada, que el tipo de seguridad te pedía al entrar, y que guardaba en una botella de plástico cortada (???). Yo acostumbro guardarlas como recuerdo, así que esta vez no pude. Pero eso es lo de menos, porque...de pagar impuestos, ni hablar, verdad Pergolini? Sumado esto a que si la capacidad del teatro hubiese desbordado (cosa que no sucedió) nadie podría explicar el por qué de la mayor cantidad de personas que las permitidas. Después cuando las bandas internacionales cancelan por la falta de profesionalismo local, los productores se quejan. El problema además, en el caso del dueño de este teatro, es que cacarea profesionalismo en cuanto micrófono accede.
Entré sobre el final del set de Flood of Tears, la banda local que hacía las veces de telonera. Tienen ya un buen trayecto recorrido, tres discos y el antecedente de haber tocado con Wayne Hussey. Sonaban interesantes, pero al cantante (canta en inglés) no le entendí una sola palabra. Por suerte el cierre con “I believe in miracles”alcanzó para tararear un poco de las lineas que el cerebro no necesita decodificar. Luego de una breve espera, durante la cual se llenó un teatro que en principio se veía con demasiados claros, se abrieron los cortinados para que Peter Murphy y su banda comenzaran el concierto con el clima hipnótico y espiritual de “King Volcano” y “Kingdom's coming”, para luego golpear por primera vez con las guitarras con “Double dare”.
Con su tono barítono intacto (aunque muy bien apoyado por los efectos desde la consola) y su figura imperturbable, este cincuentón que solo denota rasgos de su edad en algunas grietas en su rostro y unas entradas considerables en el cabello, consumó en una hora y media un auténtica misa pagana, en tributo a su pasado musical. Desde el vamos estaba claro que el recuerdo nos iba a traer una catarata de canciones adoradas (con Bauhaus es muy difícil hablar de hits), pero lo que sorprendió es como puestos en manos de su banda actual, esos temas sonaron vigentes y hasta rejuvenecidos. Y está claro que acá corresponde un temprano reconocimiento de su banda.
El bajo estuvo a cargo de Emilio China, quien además es violinista, y tiene antecedentes de colaboraciones con artistas tan disímiles como John Medeski y Philiph Glass. La guitarra estuvo a cargo de un viejo conocido: Mark Thwaite, quien formara parte en los '90 de otra gran banda gotica, de buena acogida en los escenarios porteños: The Mission (además tocó con Tricky, entre otros tantos). Pero el alma de la banda (algo que el mismo Peter Murphy reconocerá al momento de presentarlo) es el baterista Nick Lucero. Mas allá del antecedente de haber grabado con QOTSA en “Rated R.”, su pulso preciso, y la facilidad con la que aplica técnicas dubstep a las bases, lo convierten en el real lider musical del grupo.
Con “In the flat field” se escuchó el primer estallido del público, en “Boys”, un misterioso Peter Murphy escanea con una linterna de leds frios los rostros de sus músicos, “Silent edges” nos devolvió al clima místico, y en “Endless summer of the damned” (única cita a “Go away white”el disco de reunión en 2008) la garganta de Murphy se desgarró en cada grito atronador y desesperado. Peter Murphy y sus ojos abiertos como huevos duros canta cada tema con oscuro histrionismo. Se dobla, se retuerce, se inclina hacia el público y por momentos transmite la impavidez de un sepulturero, en otros se protege de la luz acechante como un vampiro, y a veces actúa como en pleno trance exorsista. Canta, dice, relata sus letras con tono misterioso, y señala hacia un punto difuso, que puede ser un rumbo a seguir, una alerta de amenaza celestial, o simplemente la nada misma.
La gran sorpresa fuera del repertorio Bauhaus, fue “A strange kind of love”, bellísima balada de su disco “Deep”, durante la cual Emilio China se luce con su violín eléctrico, y Murphy se cuelga por única vez una guitarra acústica. Y ese tema dio inicio al mejor tramo del concierto, porque continuó con el lúgubre clásico “Bela Lugosi's dead”, y el faro de luz espectral apuntando en el rostro de Murphy, el irresistiblemente bailable “Kick in the eye” y otro clásico: “The passion of lovers”. Ya con Peter Murphy sumando otra guitarra, el escenario se llenó de energía eléctrica con “Stigmata martyr” y la tremenda “Dark entries”. “If only for the old times, don't go waving your pretentious love” vocifera la garganta de Murphy, que repite hasta desgarrarse el “pretentious” de manera indefinida y agónica. Y como si fuese consciente de que con semejante nivel de energía resultaría imposible abandonar el escenario, “Severance”, el exquisito cover de Dead Can Dance que Bauhaus grabara durante la efímera reunión de 1998, resultó una despedida en forma de delicada catarsis.
Para los bises la banda retornó recargada, y “She's in parties” (por mi parte, la más esperada) hizo que Murphy se arrime al público para ponernos a cantar el estribillo, estirando su brazo hasta lo imposible y dejando el micrófono por encima de las cabezas, mientras la guitarra sonaba como si los '80 no hubieran terminado nunca. Y la noche cerró con dos covers: “Telegram sam”, una rockera manera de citar al glam de T-Rex, y el clásico ajeno que también es su clásico por excelencia “Ziggy Stardust”.
Afuera hacía frio en serio, así que el 42 que me esperaba a la salida del Vorterix resultó casi una bendición. Pasé por la Chacarita con la voz del que tal vez sea el mejor intérprete vivo del espíritu de Ian Curtis dándome todavía vueltas de tal manera en la cabeza, que hasta daban ganas de quedarse a pasar la noche en el cementerio. Pero el estómago sabía de las empanadas caseras que me esperaban, y por otra parte no hubiese podido soportar los reproches del General Perón observando como su más maravillosa música, empieza a desafinar de nuevo.

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